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miércoles, 7 de noviembre de 2012

La evangelista golosa


Esto me paso ya hace unos diez años atrás cuando yo tenía 19 años y me encontraba en mis épocas universitarias. Aquel verano yo me ‘cachueleaba’ trabajando en mi universidad inscribiendo a las postulantes para el examen de admisión de Marzo. Yo me desempeñaba en el área de orientación del llenado de fichas por lo que tenía contacto directo con los postulantes que se disponían a dar su examen de admisión. Me cruzaba con gente de todo tipo y de un rango de edad diverso aunque la gran mayoría eran jóvenes y jovencitas recién salidos del colegio. Así fue como una tarde cuando ya faltaban 10 minutos para que acabe mi turno ví a una chica de buen cuerpo, delgada, cabellos castaños, tez blanca, un culito paradito y llevaba un escote que dejaba ver sus bien formadas tetas. Tenía 18 años y era la primera vez que postulaba, tenía un aire a Luisana Lopilato, aquella joven actriz argentina que encarnaba a la excitante Mía Colucci en la fenecida serie argentina, Rebelde Way. No dude ni un momento y fui a hablarle, para mi sorpresa resultó ser muy coqueta, hablamos un poco y la ayude con el llenado de su ficha, luego espere que termine de inscribirse y la acompañe a la salida, le pedí su teléfono pero ella solo anotó su email en mi mano y se despidió ya que su padre la esperaba a las afueras de la universidad. En aquella oportunidad ella no ingreso a la universidad y ella se siguió preparando en una academia. A raíz de eso ella no tenía mucho tiempo pero a pesar de todo nos mandábamos mails seguidos en los cuales hablábamos de todo un poco, resultó que ella tenia enamorado y en sus mails me contaba una que otra anécdota sexual y como perdio la virginidad con el. Pasado un tiempo decidí buscarla a su academia que quedaba en la Av. Arequipa, ella se sorprendió de verme y la invite a mi casa a almorzar. Una vez ahí conversamos de todo, la verdad que me resultó muy aburrida pero compensaba con su belleza y coquetería. Ella me contó de su familia, ella venía de una familia evangélica y no perdía el tiempo en invitarme los domingos a su Iglesia que quedaba por la Av. Risso. Luego de ese día ella me visitaba seguido a mi casa para conversar y ver televisión en mi cuarto, nos volvimos muy amigos pero la verdad yo solo pensaba en tirarmela, sus escotes y su coquetería me volvía loco. Un día que nos encontrábamos viendo televisión en mi cuarto me decidí a besarla pero ella se palteó, me dijo que tenia enamorado y que no estaba bien. Le dije: “no pasa nada, sigamos viendo la película”, pasados unos minutos ella me abrazo y pude sentir sus tetas en mi pecho, mi pinga estaba dura y creo ella también la sintió, intente besarla pero no se dejó aunque fue contradictorio porque no dejaba que la bese pero con mis manos acariciaba sus nalgas y piernas y nunca dijo nada. Yo podía sentir en su respiración que se agitaba y se excitaba, asi que decidí ir más lejos y empecé a besar su cuello y lamer sus tetas, tenía unos senos redonditos y sus pezones eran rosaditos. Ese día no paso mas ya que justo llegaron mis padres y nos tuvimos que detener. No hablamos de lo que paso en adelante. Las semanas siguientes ella seguía viniendo a mi casa, me contaba de su enamorado y teníamos un pacto tácito de no hablar de nuestros juegos pero cada vez que íbamos a mi cuarto a ver televisión nos tocábamos, a ella le gustaba tocar mi pinga por encima de mi jean hasta sentirla totalmente dura y luego me la sacaba y me masturbaba, yo le rogaba que me la chupe pero ella siempre me dejaba con las ganas, una vez terminabamos de ‘ver la película’ salíamos de mi habitación y nunca hablábamos del tema, a veces cuando estábamos en la sala de mi casa ella sobaba mi pinga y frotaba su culo contra mi pinga delante de mi hermana. Un día decidí comentarle sobre los beneficios y lo relajante que sería ir a un sauna. Ella accedió y la semana siguiente la lleve a un sauna al que nunca había ido pero quedaba cerca a mi hogar en la Av. Faucett, se llamaba ‘Hawai’. Entramos y lo primero que vimos fue que salieron como cinco chicas de la vida alegre a recibirme, ella se asusto un poco pero fuí directo a la recepción y pedí una habitación de esas que tienen una cama y dos cámaras de vapor (una seca y otra de eucalipto). Una vez dentro de la habitación, ella se quedó en bikini y yo en traje de baño, entramos a la cámara seca, luego de unos minutos empezamos a jugar. Ella estiró su pie y lo colocó sobre mi pinga y empezó a frotar su pie hasta que sintió mi pinga dura, yo empecé a tocar su papita suavemente y note que estaba depilada. Ella empezó a masturbarme mientras yo introducía mis dedos suavemente en su vagina, ella gemía, yo ya no aguantaba mas y me acerque a ella para penetrarla pero ella me dijo que fuéramos a la cama. Una vez en la cama ella me dijo que si estaba bien que lo hagamos, que quizás malograríamos nuestra amistad, yo insistía que eso no pasaría, ella se negó porque dijo que pensó en su enamorado y me dijo que solo me iba a masturbar. Ella empezó a masturbarme pero de un momento a otro me dijo que le intrigaba saber a que sabía mi pene y de un momento a otro me la empezó a mamar, lo hacía como una diosa, era una experta en el tema, lo lamía despacito y luego succionaba la cabeza, me miraba fijamente a los ojos mientras lo hacía y me preguntaba si me gustaba como lo hacía, yo solo atinaba a mover la cabeza y coger la suya para que me la chupe más rápido. Ella luego de mamarla como los dioses bajo su lengua y me empezó a lamer las bolas, a mi me excitaba de sobremanera ver su cara de arrecha, alucinarla como la chica evangelista que todos los domingos iba a la Iglesia y que hasta hace unos minutos había estado hablando por celular con el cachudo de su enamorado. No pude más con la excitación y me vine dentro de su boca, fue delicioso. Pasaron unos minutos y ella me dijo que se tenía que ir, que ya era tarde, se fue a tomar una ducha, yo descansaba en la cama cuando escuche su voz que decía: “¿Por qué no te bañas conmigo?”, ni corto ni perezoso fui a la ducha, me quite la ropa y me metí. La imagen era sumamente excitante, ella mojadita, su cuerpo espectacular, su cara de loba, nos empezamos a bañar mutuamente, yo la jabonaba y ella me lavaba la pinga, al poco rato se me puso dura y la puse de espaldas y empecé a frotar mi pinga con su conchita. Ella me decía: “¿Qué haces?” pero yo se en el fondo quería y la penetre, ella gimió fuerte y yo pude sentir lo húmeda de su papita, era jugosa y le empecé a dar cada vez más duro, sus nalgas ajustaban preciso y yo acariciaba sus tetas mientras la clavaba en perrito, cuando ya sentía venirme la saque y me vine en su espalda. Nos terminamos de bañar y la acompañe a su casa. Así fue mi primer encuentro con la evangelista golosa, en otra ocasión les contare como fue cuando la inaugure por el asterisco.

2 comentarios:

  1. Hola!

    La verdad es que el relato está muy bien pero una recomendación para facilitar la lectura, refresca un poco el texto utilizando el punto y aparte y revisa la caligrafía.

    En cualquier caso, enhorabuena por este y otros relatos.

    Un besito!

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