Relatos eróticos
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Relato de como 4 primos adolescentes terminan teniendo sexo cuando los dejan solos en la casa de su tio.
Parece fue ayer, cuando tenia doce años y sucedió lo que narrare, yo soy el menor de 2 hermanos Manuel mi hermano mayor tenia 16, es decir es 4 años mayor que yo, vivíamos en Culiacán, como cada vacaciones de la escuela en julio y agosto venían desde Nuevo Laredo, en México, nuestros primos hermanos Edgar y Daniel, Edgar tenia también 16 y Daniel tenia 13 en esa época, como todos los adolescentes teníamos nuestros juegos y rivalidades, a veces mi hermano y yo hacíamos equipo contra los primos o a veces Edgar y yo contra Manuel y Daniel, la ocasión que les cuento, no se por que razón, pero hicimos equipos, los mayores entre si y Daniel y yo, quien me llamo Carlos, jugamos una "cascarita" de básquet bol y por ocurrencia decidimos apostar, había una alegata en que apostar, se hablo de invitaciones a comer, perder dinero, hasta que decidimos un castigo, los que perdieran serian esclavos de los otros una semana para hacer lo que los ganadores dijeran y jugar a lo que ellos dijeran, estuvimos de acuerdo, Daniel a pesar de ser mas chico que su hermano Edgar era mas alto y mejor jugando básquet, así que me imaginaba ganaríamos la partida fácilmente, tras un partido muy reñido, honestamente ganaron mi hermano Manuel y mi primo Edgar
- Ni modo les toco perder a los débiles pequeños
- Si y sabemos perder- dije en tono valiente
De entrada esa tarde nos hicieron que recogiéramos sus platos, laváramos su ropa y no nos permitieron entrar al cuarto de Manuel que era según esto el de los ganadores, así que Daniel y yo dormimos en mi cuarto, nuestros padres en esos días cada vacaciones planeaban una acampada de 3 días, pero en esta ocasión llego mi tío Luís hermano de mi mama y tras convencer a nuestros padres logramos que no nos llevarían a la acampada, pues mi tío Luís se quedaría para pasearnos en Culiacán, donde si hay bastante diversión, mis tíos y padres estuvieron de acuerdo pensando, me imagino en hacer la dichosa acampada algo mas romántico mas de pareja pues así lo decían, al día siguiente partieron, y mi tío Luís se quedo a cargo, en la tarde llego a la casa se veía preocupado
- Que pasa tío, le dije
- lo que pasa es que me salió trabajo y tendría que ir a Mazatlán, pero me comprometí con tus papas a cuidarlos
- ¿Cuánto tiempo tardarías en volver? Le dije
- Pues quizá 2 días
- vete tío, intervino mi hermano, podemos cuidarnos
- No como crees si mi hermana se entera me mata
- No le diremos tío, al cabo regresaras antes que ellos
- Pero…
- nada nada dijo mi hermano, yo cuido a estos niños jajaja, tenemos bastantes cartuchos de video juegos y teléfonos de comidas rápidas que sobreviviremos
Mi tío Luís aun dudando aceptó pues su trabajo dependía de ello, una hora más tarde partió
- Ahora si dijo Manuel, empieza el trabajo de los esclavos
- Todos reímos de buena gana, mas al rato llegaron juntos los "amos", hemos decidido decían codeándose, que queremos humillarlos, y se vestirán de mujercitas
- Oye no dijo Daniel, no se pasen de lanzas
- Tienen que obedecer, dijo mi hermano
- Pero eso no Manuel, además ni ropa de mujer tenemos
- Bueno, no se preocupen en la esquina esta un bazar y conseguimos ya sus ropitas y no se las quitaran
- No yo no lo haré dijo Daniel
- Si lo harás dijo Edgar o cuento en la escuela que aun te orinas en la cama
- no eso no dijo Daniel
OK tercie yo, pero nos darán la revancha en el basket
-Trato hecho dijeron los dos grandullones
Fueron al cuarto y trajeron dos faldas cortas y unas blusas, así como tangas de mujer Daniel es gordito así que se veía chistoso vestido de niña, cuando salimos ambos todos reímos a carcajadas, Edgar y Manuel nos sentaron en un sillón para estarse riendo, hasta ahí estábamos en tono festivo, no imaginábamos lo que las ansias adolescentes nos llevarían a hacer, pronto se cansaron de reír, se secreteaban entre ellos y sus caras eran maliciosas y burlonas
- Dijo Edgar, como su castigo es también que jugaremos a lo que nosotros queramos, jugaremos a los esposos y ustedes serán las esposas
- Nooo dijo Daniel, eso si que no
- Bueno dijo Edgar, entonces sabrán de tus orines.
Yo un poco mas divertido y lo confieso hoy, ya excitado acepte, era una situación morbosa además eran actitudes de gente grande, saber que se siente estar casados aun que nos tocaba ser las mujeres, Manuel dijo:
- pues ésta está muy fea (refiriéndose a mi) yo escojo a esta gordita jajaja
-Bueno esta bien Karla será mi esposa (me había cambiado el nombre a femenino) bueno dijo Manuel tu te llamaras Daniela jajaja
- Bueno contestó Daniel resignado, Edgar y Manuel se carcajearon, queremos que participen en el juego y que no nomás estén calladas tendrán que improvisar diálogos, bien empecemos a Jugar
-dijo Manuel bueno, que habíamos ido a una disco con nuestras esposas, Manuel tomo de la cintura a Daniel y avanzo, Edgar también me tomo de la cintura, llegamos a la sala y Edgar puso discos en la bandeja del reproductor
Y empezó el jueguito, empezamos dizque a bailar, mas de repente con el control remoto Edgar puso unas canciones románticas, Daniel estaba algo asustado, pues nunca había abrazado a un hombre para bailar, Manuel corrió y apago luces solo quedo una lámpara de pie así que estábamos en penumbra
- Que estábamos en la disco celebrando nuestros aniversarios, dijo Manuel
-órale dijo Edgar
El me tomo de la cintura y me hizo que lo rodeara con mis manos el cuello en la penumbra me miraba
- eres muy bella me decía en su papel del juego, por eso sigo enamorado de ti
- Gracias Edgar, tu eres un buen esposo (empezaba a disfrutar el juego)
Mientras Manuel y Daniel también se miraban relajados y charlaban también en su juego- Manuel le decía
- Daniela gracias por estos años de felicidad he sido feliz a tu lado
- Yo también le contestaba Daniel
Mientras mi pareja bailaba conmigo y de repente deslizo su mano en mi trasero, yo no dije nada, luego puso la otra mano, en la penumbra se acerco y me beso, yo ya estaba excitado, fue un beso fugaz
- le dije ah que ondas Edgar, esto es juego o en serio ¿Por qué me besaste?
- pues como tu quieras me dijo Edgar, te bese por que se me antojo
- OK- le dije- dejemos el juego y va en serio
- ¿Te animas?- Me dijo Manuel visiblemente erotizado por el momento
- Si esta bien le dije
- Pero mi hermano no va a querer me dijo ansioso
- Yo lo convenzo- le dije – Tu dile a Manuel
- OK ya veras que dice que si
Fui por Daniel y lo jale a una habitación, mi hermano solo se sorprendió pero detrás llego Edgar y le bajo a la música y se quedaron en la estancia. Ya en el cuarto le dije
- Que ondas primo, como te sientes de mujer
- Pues, raro, dejo la frase colgando y yo aproveche para decirle
- ¿pero te gusta el juego?
- Pues la verdad si, tu hermano y yo estábamos platicando como si fuéramos de verdad esposos
- Oye Daniel pues lo mismo Edgar y yo, y sabes Edgar quiere que ya no juguemos que sea de verdad
-¿De verdad?¿ Como?
- Edgar me pidió que sea su novia de verdad
- Órale y tu que dijiste
- Que en esto tenemos que estar los cuatro, que te diría a ti a ver si estas de acuerdo en ser la novia de mi hermano
- Pero no somos mujeres Carlos
- pero podemos fingir serlo, mira de entrada dime karla
- Esta bien yo seré Daniela, la neta ya me calenté
- Yo también- le dije
- pero ¿hasta donde llegaremos?¿ o que haremos?
- Pues eso depende de ti y tu novio
-¿Tu que harás?- dijo Daniel
- pues yo gozare siendo mujer si mi primo quiere haremos el amor, al fin que es mi novio
- ¿pero como?¿ Te dejaras que te la meta?
- Somos las mujeres que ¿no?, esto ultimo lo dije presa ya del deseo, y de la calentura, y al decirlo me temblaba la voz y las piernas
- Bueno dijo Daniel, yo creo que calamos
- va, así lo hacemos
La lleve a la sala, ahí estaban nuestros novios mirándonos ya muy serios pero con ojos lujuriosos, fueron hasta donde nosotros
- Si, lo haremos en serio- dije
- Daniela será la novia de Manuel y yo tuya
- OK dijeron
La música volvió a sonar, Edgar me abrazo y empezamos a besarnos, la verdad desde un primer momento no me desagrado la lengua de mi primo explorando mi boca, sus manos sobaban con descaro mi culo, y yo sobaba su verga por debajo de su pantalón; mientras Manuel besaba en el cuello a Daniela, Edgar me metía mano por dentro de la falda y acariciaba mis nalgas, de reojo miraba que el pícaro de mi hermano, le había quitado la blusa a Daniela y besaba sus tetillas que por ser gordita parecía de una niña adolescente, ella solo cerraba los ojos y acariciaba la cabeza de Manuel, Edgar me tomo la cabeza y me besaba con pasión, mientras se desabrochaba su pantalón, se lo bajo así como sus calzones, me tomo la mano y la posesiono sobre su verga que era gruesa y de unos 17 cm., mientras me besaba yo lo masturbaba
-mgggh aggh se quejaba
Se acerco y me dijo al oído
-estas bien buena mamita y quiero cogerte
- recuerda que soy tu novia y puedes hacer lo que quieras papi, y yo quiero que me lo hagas- le conteste
Desabotono mi blusa, mientras yo echaba un vistazo a la otra parejita, Manuel tenia de perrito da Daniela y le besaba las nalgas y lamía el culo, la música estaba mas tenue podía oír que Daniela se quejaba
Umm que rico siento, no pares decia daniela
Mientras Edgar había quitado mi blusa fue y se sentó en un sillón e hizo que me hincara
mamamela karlita
Tome el tolete con nula experiencia y la lleve a mi boca y empecé a lamerla y chuparla, de repente mi hermano se sentó a un lado de Edgar y se hinco cerca de mi Daniela, ella tenia unas nalgas muy bonitas paradas y redondas quizás por ser gordito, las mías eran mas masculinas aun que si tenia suficientes, Daniela y yo mamábamos a la par, Edgar me levanto, me volteo subió mi falda bajo mi tanga y empezó a besarme el culo, yo me agache y aproveche para tocarme el pene, mi novio me ensalivaba bien mi ojito con sus mamadas
ummm que rico decía, que rico
Edgar se levanto, me tomo en brazos y me levanto en vilo, mientras me conducía a la recamara, viéndonos a los ojos, sonreíamos
- Te voy a coger primita, te voy a meter mi verga
- Si Edgar métemela solo despacio por que duele
Me deposito en la cama me puso en cuatro, me puso gel para el cabello y arrimo su verga dura, el parado y yo sobre la cama, podía ver por el espejo del tocador la escena, me tomo por la cintura y puso su verga en mi entrada y empezó a puntearme con movimientos cortos, Edgar también no tenia mucho experiencia, así que no lograba bien ni siquiera acomodarla, llevé mi mano hacia atrás y le tome su pene para acomodarlo en mi entrada, Edgar ansioso me tomo de la cintura yo me hice tanto hacia atrás para que no se moviera el pene, mi primo hizo presión y mi ano cedió un poco
Ayy duele mucho sácalo sácalo por favor
Edgar no hizo caso, enseguida dio otro empujón fuerte, por instinto trate de quitarme, pero me tenia bien agarrada de la cintura, y me dolía mucho, sentía una punzada muy fea
Querías verga de tu novio ahora te aguantas que para eso eres mía
Dijo Edgar en tono de macho dominante, yo me retorcía y gritaba, ya entro toda me dijo Edgar, y empezó el mete y saca, Edgar rápidamente entraba y salía y yo empezaba a sentir placer, me tocaba mi pene y se sentía rico
- ¿te gusta?- decía Edgar
- Si si me gusta, sigue mi amor- le dije
Edgar aumento el ritmo a la pistoneada y yo también a jalármela, Edgar inundo mi culo con sus semen y yo termine mojando de semen la cama, nos tiramos en la cama por un espacio de 10 minutos comentando que estaría haciendo los otros novios pero sin asomarnos pues estábamos cansados, Edgar me tenia abrazada y acariciaba mi vientre, lo que pasaba hasta horita después Daniela me lo contó, me dijo que cuando Edgar me llevo al cuarto, mi hermano Manuel la tenia de perrito y lamía su culo y después fue por vaselina y se la unto en el culo para empezar a dedearla lo cual hizo por varios minutos a la ves que le metía el dedo le tomo su pene y lo masturbaba, que eso le encantó, después la puso recostada en el sillón de la sala y el hincado en el piso, abrió sus piernas y se la empezó a meter, despacio y que sin mucho dolor la penetro por la estimulación anal y de su pene, y fue en eso cuando llegamos Edgar y yo pues nos gano la curiosidad, nos sentamos a ambos lados de la parejita, Daniela siempre muy calladita con los ojos cerrados, Edgar empezó a sobarle sus tetas a Daniela, mientras yo le tome su pene a danielita, era muy erótico eso, a los pocos jalones se vino, su leche le chispeo la panza, mientras Manuel la seguía bombeando, yo me anime y le acariciaba su pecho musculoso a mi hermano, eso se vino
-Aghhhhh gritó, ummm que rico
Pasado los espasmos se quedo tendido en la panza de Daniela. Los cuatro nos quedamos sentados en el mismo sillón
- ¿Lo disfrutaron?- nos pregunto Manuel a Daniela y a mi
- Si conteste yo, Daniela mas tímida solo movió la cabeza
- Que loco- dije- nunca pensé que iba a resultar cogido por mi primo
- Por favor no lo vayan a decir a nadie- dijo Daniela preocupada
-no te preocupes "hermanita" contesto Edgar su secreto esta seguro
Tenia su brazo en mi hombro y me jaló para darme un beso el cual correspondí apasionadamente
Mira ésta parejita dijo Manuel riendo, si que se ven entrados
Daniela sonrió, mi hermano la abrazó, la tomo con ambas manos de la cara y la beso, Daniela se volteo mirándolo a el y dándonos la espalda para seguirse besando, mi hermano acariciaba sus grandes y blancas nalgas, pude darme cuenta que mi "primita" Daniela tenia el pene muy pequeño, mas sin embargo se miraba que le saltaba, le gustaban los besos de Manuel
Que delicia de culito le decía Manuel mientras se lo masajeaba
Daniela con los ojos cerrados emitía pequeños quejiditos y le tenia tomada la verga de mi hermano, la cual conocía yo pues varias veces lo había visto masturbarse, y se la movía despacio, mientras Manuel le empezaba a dar dedo, Edgar y yo mirábamos y empezábamos a excitarnos de nuevo
Mejor cada quien en su cuarto dije
Tome a Edgar de la mano y lo conduje al cuarto de mis padres Manuel y Daniela se fueron al cuarto de mi hermano, ya adentro abrí el closet y busque un baby doll y lo encontré, me lo puse mi madre es mas alta que yo, me quedaba algo largo, pero a Edgar le gusto como me veía pues inmediatamente me abrazo por detrás y restregaba su verga en mis nalgas, mientras me decía al oído que me miraba muy bien, yo movía las nalgas y sentía la dureza de su pene palpitante
Cojéeme sin quitármelo le dije presa de mucha calentura
Volteo hacia él y nos besamos apasionadamente, mientras el sobaba mis nalgas y me metía un dedo fácilmente pues mi ano estaba lubricado por su semen y dilatado por la cogida anterior, ahora si mi pene estaba a mil y sentía delicioso sus dedos os subimos a la cama el hincado con su verga bien parada y yo de perrito me dirigí a mamársela
Umm que rico mamas mija y ese culito quiero verlo
Con sus manos subió el baby doll para dejar al descubierto mis nalgas, las acariciaba mientras yo me metía su pedazo de tranca en mi boca, después me puso de lado en la cama y se puso detrás de mi, paso una mano por debajo y con la otra me abrazo, besaba mi nuca y cuello, mientras me decía
-me voy a coger tu culito primita
-si métemela Edgar, cojéeme, dame verga , me calientas mucho mi rey
-acomódala en la entrada dijo Edgar
Así lo hice, presiono y se deslizó su verga en mi conducto
Ummm que rico- decía yo golosa
Nos empezamos a mover, Edgar pistoneba mi ano y yo movía mis nalgas en circulo, Edgar con sus manos sobaba mi pecho estomago y pene pues mi baby doll estaba abierto, yo le aventaba las nalgas para que entrara mas adentro, Edgar me masturbaba, al verdad era algo increíble, me sentía muy femenina mientras Edgar me tomaba yo acariciaba mis piernas y también pasaba mis manos atrás y lo tomaba de sus caderas para seguir el ritmo de la penetración
- Ummgh así mijo sigue, así asiiii, me vine en ese momento
- Agghhhh uuuummmmmmhhh guaoooo que rico
Edgar eyaculo pude sentir lo tibio de su semen en mi recto, nos quedamos así abrazados con los ojos cerrados, mientras tanto en el otro cuarto y casi al mismo tiempo de lo que les narro, mi hermano y Daniela una vez en el cuarto, se empezaron a besar, Manuel le decía a Dani
Que rica estas mi amor, estas divina, me encantas, mientras besaba sus tetas
Dani de la manera mas pasiva, cerraba los ojos y le acariciaba el cabello a mi hermano, ahí estaba en el cuarto, se había puesto nuevamente la falda a petición de Manuel, mi hermano la besaba el cuello y le acariciaba las nalgas, mientras le decía al oído
– Que delicia de culo tienes dani, te quiero mucho mija
- Yo también Manuel, eres muy tierno
- Me inspiras ternura primita y creo que por lo que veo tarde que temprano te hubieras sentido mujer
- Sí Manuel, me da pena decirlo pero si tengo inquietudes por esto que estoy viviendo hoy, saber que se siente ser cogida por un hombre
- Ay mi reina, pues aquí estoy todito para ti
Se tumbaron a la cama, Daniela le soba la verga dura a Manuel, él la abrazó y la hizo ponerse arriba, la besó mientras subía su falda y acariciaba las nalgas y pasaba sus dedos por el esfínter de dani, quien se retorcía de placer
– Quiero que me cabalgues Dany, que tu solita te ensartes
Si mijo como tu quieras
Manuel le paso el bote de la vaselina a dany, ella la tomo y se unto en su ano y en la verga de Manuel, le tomo el pene lo dirigió a su entrada y se sentó en su daga la cual se hundió de una hasta los huevos, Dany con ojos cerrados se quejó
Ummgg que rico se siente, clávame mijo
Manuel la jaló hacia el frente a frente, mientas la besaba, la tomó de la cintura y empezó a mover su cadera, la verga empezó a entrar y salir en el culo de dany, ellos se besaban entrelazando sus lenguas
Mggghh ammmmm ohh. así, así muévete papi- decía dany bien ensartada
Después de unos momentos dany se incorporó, y se daba sentones en la dura tranca, Manuel llevaba el ritmo con sus manos en la cintura, mientras Dany se masturbaba con una mano y con otra se sobaba las tetillas y gemía, tras unos momentos dany tuvo su eyaculación, su semen botó hasta el pecho de Manuel, a quien dany le dio unos sentones mas y ya no pudo resistir se vino en gritos y espasmos
–Mgghhh uuuummmm ahhhhhhhhh, que rico
Dany se tiro sudorosa a un costado y se quedaron así dormidos. Al otro día me despertó un rico olor a comida, me levanté y ya estaban despiertos Manuel y Dany, desnudos preparaban el desayuno, reían y Manuel cuando Dany movía la cazuela se ponía detrás de ella y se besaban
- Buenos días ¿Cómo amanecieron los tórtolos? Jajajaja
- Muy bien contesto Manuel- cogiendo rico
- ¿Y a ti como te fue con la verga de Edgar eh hermanita?
- Bien, coge rico el primo
- ¿Donde ésta?- pregunto Manuel
- Aun ésta dormido- contesté
Manuel corrió hasta el cuarto donde nos quedamos él y yo abrió la puerta y le grito
Arriba guevon ya es hora de levantarse jajaja
Mientras le decía esto lo golpeaba con una almohada, Edgar se despabilo un poco, se levantó fue al baño y salió, se dirigieron a donde estábamos Dany y yo
Buenos días mi amor- me dijo Edgar y me beso en la boca
Mientras me acariciaba las nalgas
Basta ya de cachondeo dijo Manuel, Edgar tenemos que ir tu y yo a surtir la despensa, aquí dejamos a las niñas, así que desayunemos y vayamos
Nos sentamos a la mesa, entre insinuaciones y estarse burlando uno de otros, reíamos felices. Manuel y Edgar se cambiaron y se fueron, en cuanto salieron me senté junto a dany que estaba seria
– Y… ¿Qué tal?¿por que tan seria? ¿no te gusto?¿te arrepientes?
- No claro que no, pensaba precisamente que me encantó-dijo dany- y eso es lo que me asusta, ser llamado maricon en la escuela y en la vida
- No te preocupes Dany, nadie tiene por que saberlo solo notros 4, si pero quizá luego los muchachos busquen novias y nos hagan a un lado y la verdad me gusta mucho Manuel quisiera que no se acabara lo nuestro
- Ay Dany tan sentimental, recuerda que esto empezó con una calentura nuestros hermanos seguirán su vida y nosotros también
- Ese es el problema, que para mi esto no empezó con la calentura Karla, yo ya tenia tendencias a sentirme mujer
- ¿De verdad? Bueno la verdad yo también sentía cierta atracción por los chicos, pues si pero no somos mujeres y ellos preferirán a las niñas
- No si los tratamos bien y somos complacientes, por un buen tiempo mantengamos sus hormonas satisfechas y durara
- Pues si pero Manuel aquí se quedara y nos iremos al acabar las vacaciones es mas se acabara al llegar nuestros padres
- Pues no precisamente Dany, solo seremos cuidadosos.
En eso estábamos platicando cuando llegaron Manuel y Edgar
-bien niñas les compramos ropa mas juvenil así que pónganse esto que las llevaremos a pasear, nos dieron unas faldas jeans y unas blusas cerradas
- Pero como salir- dijo dany- se notara que no somos mujeres
- No claro que no -dijo Manuel-por su edad pensaran que son preadolescentes y aun no se desarrollan, así que cámbiense que nos vamos a las plazas y a un parque.
Una hora después estábamos todos listos y salimos a pasear, me sentía extraña en la calle vistiendo de mujer, Dany se veía muy penosa, Manuel la llevaba abrazada y ella se recostaba en sus hombro, nos divertimos, ya para caer la tarde nos fuimos al parque cada parejita se alejo por rumbos distintos, Edgar y yo nos fuimos a una banca
- ¿Que te ha parecido esto prima?- Muy bien Edgar eres una linda persona, creo que ahora que fui tu pareja me he enterado que eres lindo
- Gracias tu también eres linda y me gusta que seas tan caliente ¿Cómo te haz sentido en tu papel de mujer?
- Bien primo creo que me gustan los hombres
- Guaoo, sabes primita, del alguna manera se te notaba
- En serio, por que dices eso- No se la manera en que mirabas a los chicos
- Quizá si, me descubrí, sabes Edgar me preocupa tu hermana
- ¿Por qué? ¿No le gusto esto? O que tiene?
- Precisamente Edgar le gustó y mucho y ésta triste por que dejara a Manuel ahora que se vayan- Pero bueno ella sabia que es temporal, podrá conseguir otro novio allá en Nuevo León, bueno pero tu la conoces es tu hermano y sabes que es muy sentimental
- Si de hecho yo siempre le decía que era muy niñita, por que de todo lloraba
- Sabes Edgar, por que no te conviertes en su novio tu
- No como crees es mi hermana
- Y que yo soy tu prima hermana y ya vez
- Pero se me hace mas difícil
- Lo se, pero si la convences tendrás novia allá en Nuevo León
La verdad mi intervención no era por que quisiera hacerle un favor a dany, sino por que tenia la idea de que mi hermano me cogiera y eso me calentaba
- ¿Y como hacerle?- dijo Edgar mas animado
- fácil, mijo platícalo con Manuel hoy en la noche y hacemos intercambio
Edgar estuvo de acuerdo, fuimos interrumpidos por Manuel
- oigan acaba de hablar tío Luís, que hablo con nuestros papas y se van a quedar todavía todo el día de mañana y me dijo mi tío que él también viene hasta mañana en la tarde noche
- genial- dijo Edgar- tendremos otra linda noche.
Nos fuimos a la casa, en el camino íbamos felices dany y yo de que nadie nos hubiese reconocido que éramos hombres, pasamos como niñas. Cuando llegamos a casa Edgar y Manuel se fueron a charlar al patio, desde donde estaba podía ver como Manuel sonreía, yo estaba nerviosa, pero me di cuenta que había aceptado, Manuel entro me dirigió una sonrisa y se llevo a Dany de la mano
- ¿Que paso?- dije intrigada a Edgar
- Manuel esta de acuerdo, dice que ya lo había pensado, que en los camiones te vino mirando el culo
- Y tu estas de acuerdo en compartirme
- Si primita, quiero tener pareja allá en Nuevo León, así mi hermanita será mi novia allá y cuando venga para acá tu lo serás
- OK estoy de acuerdo, nos besamos, en eso llegó Manuel con dany quien no se miraba muy del todo convencida
-¿Qué paso? –pregunto Edgar
-Dany esta de acuerdo será mi novia en las vacaciones y cuando estén en su casa será tuya
- OK dijo Edgar- Karla vete con Manuel
Me fui hacia Manuel y me abrazo y me dijo al oído
Ay hermanita saliste muy putita ya sé que todo esto es onda tuya
Le cerré un ojo y por primera vez me beso, Edgar recibió a Dany
- Hola chiquita, de ahora en adelante todo cambiara te tratare muy bien y seremos grandes hermanos
- Gracias Edgar- Edgar la beso y empezamos el cachondeo
Manuel me besaba en la boca mientras acariciaba mis nalgas sobre mi falda, Edgar besaba el cuello de Dany que como siempre pasivamente se dejaba querer cerrando sus ojos y quejándose, Edgar se desabrocho el pantalón y le pidió a Dany se la mamara, Dany estaba hincada mamándole la reata a su hermano, el mió había metido una mano entre mi falda y tanga y me daba dedo
- Ummm que rico Manuel
- Eres una putita perversa, querías probar mi verga también verdad
- Si la verdad, te me antojaste hermanito, le dije al oído a mi hermano
- Vamos al cuarto tengo ropa sexy para ponerme
Manuel me siguió, Dany seguía mamándole la verga a Edgar y este llevaba el ritmo tomándola de la cabeza, Manuel y yo entramos al cuarto, entre al baño y rápidamente me puse unas medias y un liguero vino tinto y Salí muy provocativamente, Manuel estaba a la orilla de la cama sentado me hinco y me pidió se la mamara, acepte gustosa, la verga de mi hermano era mas larga que la de Edgar pero un poco mas delgada mientras se la mamaba Manuel me acariciaba la espalda y las nalgas
- Que rica hermanita tengo, y con ella me voy a quedar cogiendola hasta que me canse después de estos días
- Si Manuel, quiero ser tu amante, tu perrita siempre
- Si mamita, en cuanto lleguen nuestros papas te cambias a mi cuarto mija
- Si bebe – hablaba y seguía mamando
Mi hermano me levanto y me acostó en la cama boca arriba en la orilla, abrió mis piernas retiro la tanga y salto mi verga parada, mi hermano dirigió su boca a mis huevos y los lamió
Ughhhh ahhhh
Con su mano los acuno mientras lamía mi tronco, se lo metió a la boca y lo mamaba rico, luego con sus dedos acariciaba mi ano, era la gloria, Manuel untó gel lubricante en mi ano y abundantemente en su verga, puso una almohada en mis nalgas, me levanto las piernas y empezó a empujar en mi entrada, la verga se deslizo despacio provocándome un ligero dolor pero ya adentro un gran placer, me estaba cogiendo mi hermano en posición del misionero como a una mujer, era muy excitante, sus estocadas eran rápidas, mientras me la metía acariciaba mi pene y huevos, con mis manos yo lo tenia sujeto de sus nalgas y llevaba el ritmo
- dame verga mijo, así métemela toda, soy tu mujer, para ti- le decía
- Si chiquita que rico te cojo mmmghh así chiquita- me decía- ahora te quiero coger de perrito niña
Me levanté y me puse en cuatro patas, Manuel se bajo de la cama y yo me puse a la orilla, él me colocó su verga y de un solo empujón la dejo ir
Guaoo que rico- le dije
Me tomo de las caderas y empezó a mover sus caderas, era delicioso sentir como la verga de mi hermano entrabada hasta el fondo y sus huevos chocaban con mis nalgas, me acariciaba las nalgas y la espalda, mientras me daba con fuerza, en tanto yo metí mi mano a mi pene y me masturbaba, eso logro hacer que se me pusiera durísima, Manuel me tomo con ambas manos de los hombros y me ensartaba como mariposa de colección, el seguía bombeando y yo masturbándome, regué mi semen en la cama, mientras Manuel saco su tolete y me baño el baby doll en la espalda de su semen mientras gritaba de placer. Mientras en la estancia, Edgar se había quedado con Daniela, sentado en el sillón, le pidió que se la mamara, dany obediente se puso en cuatro y tomo la verga de Edgar
Ayy hermanita que rico mamas, además me encantan tus nalgas enormes
Dany solo traía una tanga de hilo dental que dividía perfectamente sus enormes nalgas, mientras mamaba movía su cola
Mírame a los ojos mientras me la mamas- ordeno Edgar
Dany obedeció, mientras mamaba el palo de Edgar lo miraba
te encanta la verga eh hermanita
Dany solo movía la cabeza sin dejar de mamar, Edgar la levanto y volteo a Daniela de espadas a él, la abrazo desde atrás, dany seguía moviendo su colita cerraba los ojos y con su mano sobaba la cabeza de Edgar, mientras éste masajeaba sus tetas y besaba su nuca, después bajo hasta sus nalgas besándolas y mordiéndolas, le ordeno inclinarse, mientras abría la raja de su culo, comenzó a pasar su lengua dany se quejaba
Aaahghh que rico, que rico, sigue- decía la muy caliente
Edgar seguía dándole lengua, y alternándole dándole dedo, después de esto la recargo contra la pared y la inclino, le puso vaselina y se la dejo ir, Dany grito
- Ayyy duele, duele, despacio mijo
- Si mi amor
Empezó Edgar despacio a metérsela, se deleitaba en masajearle las nalgotas y le decía
Que hermoso culo tienes chiquita, de concurso, y que rico me lo estoy cogiendo
Dany seguía el ritmo que le imponía su hermano, y aventaba las nalgas para recibir la estocada, Edgar seguida metiéndosela, la tomo de las manos y se las jaló hacia atrás, y seguía chocando su pelvis en las nalgas de dany plaf plaf plaf se hoy el golpeteo, Edgar aumento la rapidez y se vino dentro de Dany, ambas parejas nos quedamos dormidos, dany y Edgar abrazados en la alfombra de la sala y Manuel y yo en la cama de mis papas. En la mañana me despertó una voz fuerte
Muy bonito, muy bonito, arriba los dos
Abrí los ojos y para mi completo terror mi tío Luís estaba dentro del cuarto, mirándonos
- Así que por esto querían quedarse solos eh
- Tío, yo…nosotros…
- Cállate la boca Carlos, vengan a la sala tenemos que hablar los cinco
En la sala estaban Edgar y Daniel cabizbajos y tapados con una cobija
- Vaya, vaya- empezó mi tío- Así que se hicieron dos parejitas, y entre hermanos, vaya que son pervertidos eh
- Tío, yo- balbucee
- Cállate el hocico chamaco, ya te lo dije hace rato, muy bien, veo que tu Manuel y tu primo Edgar le gustan los travestis, ¿verdad?
- No tío
- Como no, si Carlos y Daniel están travestidos
- Lo que pasa es que…
- Cállense todos- dijo fulminante mi tío Luis, lo que corresponde es que les diga a sus padres lo que aquí pasa
- No tioo-dije yo
- Por favor no lo hagas tío- Dijo mi hermano Manuel
Mis primos no se atrevían ni a mirar
- Pues es mi deber decirle a sus padres, a menos que…
- A menos que que tío- dije yo nuevamente
Aprontado a buscar soluciones por el miedo de que nuestros padres se enteraran
Bueno a menos que tu y Daniel que son aquí las hembritas, pagaran mi silencio con sexo- mientras lo decía su sonrisa era perversa- ¿Que opinan?
Mi hermano Manuel hablo
- Bueno tío Luis, ya vemos que tu también quieres participar del esto, y pues esta bien, en todo caso Edgar y yo pues tenemos que atenernos a lo que digan Carlos y Daniel, que al final serán a quienes te cojas
- Bueno-dijo mi tío- pues ustedes deciden. ¿Qué opinan Carlos y Daniel?
Ya emocionado yo me apresure a decir
- Yo estoy dispuesto a comprar tu silencio ¿y tu Daniel?
- Pues no nos queda otra dijo dany
- OK, dijo mi tío, tu Manuel y Edgar se encargaran de ponerlas "lindas" les dejo aquí mil pesos para que salgan y les compren a estas niñas unas minis, tops y ropa interior sexy, yo volveré a las 5 de la tarde, y cuando vuelva ya deben estar cambiadas las niñas y tu y Edgar fuera de la casa hasta las 10 de la noche ¿entendieron?
- Si esta bien tío- contesto Manuel
Mi tío se retiro pretextando trabajo nos quedamos comentando lo desgraciado que nos había salido el tío
- Que haremos dijo dany
- No queda mas que obedecer, aseguro mi hermano, iremos a comprar la ropa para ustedes y de ahí Edgar yo nos iremos al cine y después a un antro, mientras le damos el tiempo que pidió
- me da miedo dijo dany ya que se habían ido nuestros hermanos
- Solo disfrutémoslo...
Desperté, pero permanecí con los ojos cerrados, pues sentía todavía el sopor y quería valorar mi condición tanto física, como anímica. Percibía la presencia de Carlos y eso, me dio realmente mucha tranquilidad.
Lentamente iba saliendo del sopor, sentía todo mi cuerpo adolorido, cambié de postura, estiré mis piernas, mi conchita me ardía mucho, el pubis me dolía, los brazos los sentía desguanzados; pero estaba feliz, me parecía que todo mi cuerpo radiaba alegría, el recuerdo de haber cogido con mi hermano me producía una dicha que me llenaba toda, así que el dolor y el ardor, me servían para avivar el recuerdo y por tanto, la enorme dicha que me animaba.
Decidí abrir los ojos para abrazar a Carlos. ¡Vaya sorpresa! Al abrirlos, me encontré con los suyos hermosos, alegres y festivos, lo jalé hacia mí y nos besamos con mucha emoción, como si éste fuera el primer beso. Mi conchita empezó a, manar su líquido, que en esta ocasión me funcionaba como un bálsamo contra el dolor. Pasó un tiempo para darme cuenta que él estaba bañado y vestido. Le pregunté,
¿Qué hora es? A lo que me contestó:
-Las dos de la tarde, hermanita. Báñate, vamos a comer, te tengo una sorpresa.
-¿Qué sorpresa, qué es, dime qué es. Por respuesta, me alzó en vilo y me llevó al baño, mientras yo le insistía qué es, dime, dime. Me bajó en la ducha diciendo:
-Cuando estés lista te lo digo.
-Si que fue sorpresa. Salí del baño con el albornoz del hotel, pensando como estaría mi ropa que traía esta mañana y encuentro a Carlos leyendo el periódico placidamente, la cama tendida y sobre
ella un coordinado falda y chaqueteen al color del saco que traía por la mañana y una blusa al color del vestido, tangas muy coquetas de hilo dental y un sostén. Le agradecí a Carlos el cuidado y el esmero que había puesto con mi ropa. Me vestí y arreglé lo más rápido que pude.
Durante la comida, me quité el zapato para acariciar las piernas de Carlos. Mientras lo hacía, él me preguntó:
-¿Recuerdas que un día que te ayudaba con tu tarea escolar, sacabas recortes de unas revistas de pronto me preguntaste, qué es esto que parece un cuento de hadas, a lo que te respondí es el Hotel "Las Hadas" en Manzanillo y me dijiste, quiero que me lleves allá?
-Sí hermanito, claro que lo recuerdo. Carlos prosiguió entusiasmado, a la vez que me extendía unos boletos de avión.
-Hermanita, nos vamos de Luna de Miel al Hotel Las Hadas. Nuestro avión sale a las siete de la noche. Vamos a comprar ropa para estar allá un par de días.
-¡Hermanito muchas gracias! Contesté radiante de alegría. Pensé que la sorpresa había sido esta ropa nueva que me seleccionaste tan a mi gusto y que tan bien me ajusta. Bueno, excepto por que la falda me queda a la mitad de las piernas, pero si así te gusta verme, para mí está bien. Atraigo mucho la atención, pero me acostumbraré.
-Me encanta verte así hermanita. Me siento orgulloso de que te volteen a ver, porque esta bella chica con la que todos quieren, es mi mujer. –Agregó Carlos, mientras nos levantábamos de la mesa.
Caminé del brazo de mi apuesto hermano, mi amante, mi hombre. Recordé que en una clase de Formación Cívica, Caridad nos había enseñado a caminar con los pies ligeramente abiertos para no llamar la atención y nos advirtió que no fuéramos a caminar poniendo un pie delante del otro porque era un caminar muy sensual y llamativo. Así caminé, contoneándome por lo tanto, eso era lo llamativo, pero ¡Oh maravilla! Caminar así implicaba que mis labios mayores se friccionaran entre sí y a su vez, lo hicieran con mi pequeño capullo. Que razón tenía Caridad sí que es sensual caminar.
A las 20:00 menos 15 tomamos el transporte que nos conduciría del aeropuerto de Manzanillo al Hotel de las Hadas. Carlos nos registró como el señor y la señora Valencia. Nos acompañaron al cuarto. Se veía fantástico, me medio de la vegetación oscura, más negra que la oscuridad del ambiente emergían las luces mortecinas de los pasillos que conducían a los cuartos. Yo saboreaba en mis labios la brisa salobre del Océano Pacífico y llenaba con ella mis pulmones con una mezcla de olores marinos y vegetales. Todo ello, sin duda, me predisponía al amor.
Entramos al cuarto, en un ventanal enorme, frente a la puerta, sólo se podía ver el reflejo del cuarto mismo en donde destacaba la cama "king size". El botones quiso correr la cortina; no se lo permití, me intrigaba la oscuridad profunda que debía haber detrás del vidrio para que funcionara como espejo.
Mi hermano se disculpó porque le era muy urgente ir al baño. Me paré frente al espejo, ahí estaba de 1.56 de altura, 82 de busto, 63 de cintura y 85 de cadera, mi cabellera pelirroja al sol, que de noche se veía negra, mis ojos color miel con dos miradas a voluntad, una acerada, cortante y otra cálida, envolvente, coqueta y mi cara, bella en su conjunto. Levanté mi falda ligera y pude ver mis piernas bien torneadas y mis panties color champagne que me había comprado Carlos esta mañana.
Me saqué la blusa y retiré el sostén, mis senos brotaron desafiantes de un blanco más acentuado que mi cara, hombros y brazos. Los acaricié apasionadamente, sentí su turgencia, me concentré en los pezones que se endurecieron de inmediato. Puse una silla frente a la ventana, trepé mis rodillas y me incliné sobre el respaldo. Bajé de la silla, disminuí el nivel de la luz del cuarto y recuperé mi posición anterior, enrollé la falda hasta mi cintura y con las nalgas al viento, esperé a que saliera Carlos, mientras veía un mar sumergido en la oscuridad, apenas rota de vez en vez por alguna luz que se desplazaba ya muy lentamente, ya con rapidez.
Oí que se abría la puerta del baño. En el reflejo del ventanal, pude ver que Carlos desnudo se aproximaba lentamente, admirando mis nalgas que enmarcaban mi conchita hambrienta, empapada de mis jugos. Llegó, cayó de rodillas acarició mis nalgas, produciéndome un estremecimiento que me arrancó un gemido. Besó y lamió mis nalgas y de pronto, sentí que su lengua recorría mis labios mayores de ida y de vuelta, a cada paso, me producía una oleada de placer que recorría mi cuerpo entero, arrancándome gemido tras gemido.
Sentí como su lengua fiera entraba entre mis labios mayores, llegaba al inicio de mi vagina y lograba meterse, llevándome a un frenesí que me obligó a bajar de la silla, levantar a Carlos y fundir mi cuerpo caliente y tembloroso, mientras besaba con delirio su boca, lamiendo y chupando mis propios jugos.
Lo jalé de la mano a la Cama, mientras me deshacía de la falda, el se acostó boca arriba, ofreciéndome la visión maravillosa de su verga parada apuntando al techo. La besé con deleite de la punta a los huevos y al revés, la lamí golosa, le brotó un goterón de lubricante, pasé la lengua por la punta y lo saboree. Tomé el glande entre los labios, él se retorcía de placer. Lo metí en mi boca hasta que topó en mi garganta, me animé y empujé hasta que sentí en mis labios su acolchado pelo púbico. Lo saqué, hasta sentir el glande entre mis labios y otra y otra vez.
Me sobre calentaba oír sus gemidos y sentir como se retorcía de placer. Mi vagina escurría, podía sentir el líquido bajando por mis muslos. Así que, dejé de mamar su verga, me subí a horcajadas sobre él y me encaje su capullo, que a su vez escurría de una mezcla de mi saliva con su jugo preseminal, por lo que, mi vagina lo engulló con toda facilidad. Apenas entró se dispararon las leves contracciones involuntarias de mi vagina al lo cual, Carlos comentó:
-Tienes perrito hermanita. –Comprendí que se refería a las contracciones y le repuse,
Sí y te muerde hermanito y echamos a reír. No sabía entonces que el famoso perrito es algo muy apreciado por los hombres.
Subía y bajaba con toda lentitud para percatarme de lo que sentía mi vagina con cada incursión. Cambiaba de ritmo, más lento, más rápido, mientras él, acariciaba alternadamente, mis senos y pezones, mi espalda desnuda, mis nalgas glamorosas, mis muslos e incluso mis pies. Me di cuenta que en esta postura, la mujer lleva la voz cantante, escoge el ritmo, la velocidad que le imprime, la inclinación de la penetración y su propia postura.
Me incliné sobre Carlos para besarlo, pegué mis senos sobre su pecho y a cada movimiento de mi culo, mis pezones se frotaban en él. Sus manos acariciaban mis nalgas, noté que mojaba un dedo en los jugos genitales, con él acarició mi ano, lo presionó, mi ano cedió y su dedo entró, arrancándome gemidos de placer ante un estimulo nuevo.
No pude más, me invadió una oleada eléctrica que recorrió mi cuerpo y se disparó la ametralladora de los orgasmos. Carlos me siguió y moviendo frenéticamente su dedo que tenía encajado en mi ano, se vino en medio de un bramido atemorizante.
Al poco rato, me incorporé, miré su pene semi flácido empapado de la mezcla de su esperma con mi jugo vaginal y la saliva de ambos, lo lamí, para recuperar la mezcla, lo metí en mi boca. Una sensación diferente pero agradable tener ese trozo de carne inerte en contacto con la lengua y el paladar, que iba reaccionando poco a poco y recuperando su dureza,
Carlos me hizo la señal de que me acomodara sobre él ofreciéndole mi vulva empapada y la lamió, mientras yo me engolosinaba con su pene cada vez más duro. Así estuvimos, hasta que él se levantó, me recostó boca arriba, me cubrió con su cuerpo y nos besamos lamiéndonos en busca de la deliciosa mezcla.
En eso, su verga encontró la entrada de mi vagina y la metió de un solo empuje, el perrito comenzó a ladrar y cogimos sin dejar de besarnos entre gemido y gemido. Lo apreté fuerte contra mí, subí mis pies a sus nalgas, en busca de la deliciosa sensación de sentir sus huevos tocando mi culo. Me di cuenta de que, con mi talón podía acariciar la raja de las nalgas de Carlos y él se estremecía. En eso, Carlos se incorporó quedó de rodillas entre mis piernas, las tomó y las subió a mis hombros, me metió la verga, que topó con el fondo produciéndome una sensación diferente.
En esa postura, yo quedaba inmovilizada, un acto pasivo de entrega total. Pero, la verga erecta de Carlos a entrar y salir friccionaba mi punto "G", por lo que me puse a 100, me retorcía, apretaba el cuello de Carlos con las piernas, gemía como loca, no sé cuanto tiempo estuvimos así, hasta que percibí que la verga de Carlos crecía más todavía, preludio de su orgasmo, por lo que solté el mío, juntos llegamos a la meta en medio de convulsiones y gemidos.
Me Soltó y se dejó caer a un lado mío, limpie su pene todavía duro con mi boca, me recosté a su lado, llevé mis dedos a mi vagina, recogí todo el líquido que pude, lamí mis dedos estaba dispuesta a compartirlo con un beso, pero me di cuenta que Carlos prefería descansar. Me acurruqué, me tomó entre sus brazos y nos dormimos.
Desperté, no sé qué hora sería, la música de la disco había cesado, ahora podía oirse el golpeteo del mar que se estrellaba contar laplaya, en medio de un ritmo que se parecía al de mi corazón. Instintivamente llevé mi mano al pene de Carlos y estaba parado, así que, me metí debajo de la sabana y me di un gran banquete, como me gustaba besar, lamer, chupar y tragar esa hermosura y me entretuve ahí, mientras mi vagina chorreaba sin cesar. Me jaló Carlos hacia sí y nos besamos, me pareció, que él saboreaba complacido el sabor de su verga en mi boca.
Me pidió que me acostara boca abajo, se metió entre mis piernas, asió su verga, busco mi entrada y me la metió con toda facilidad porque mi vagina escurría literalmente, descansó su cuerpo sobre mi espalda, me besó la cara que tenía de lado sobre la almohada, voltee más para que alcanzara mi boca, me besó apasionado, mi perrito lo comenzó a morder y él inició un movimiento lento de vaivén que me arrancaba dulces y tiernos gemidos. Me di cuenta que en esta postura, yo quedaba completamente dominada, ofrecía mis nalgas y eran penetradas, esa posición me gustó, me dio un plus de pasión, yo era una hembra sometida por su macho, quien para este momento, se movía despiadadamente y ambos gritábamos frenéticos. Así, juntos alcanzamos sendos orgasmos de antología.
Desperté, había claridad en el cuarto, Carlos sentado junto a mí, me contemplaba paciente. En cuanto desperté me besó y me dijo:
-Pedí unos jugos de naranja, en cuanto lleguen, hablaré con madre para decirle en donde estamos,
Seguro que nos ha estado buscando en casa. –No me pareció buena idea, pero sabía de la unión tan estrecha de Carlos con madre, de modo que en este caso, sería inútil objeción alguna, así que
contesté:
Está bien hermanito. ¿Sabes? Agregué, el escuchar que me dices hermanita y que yo te diga hermanito mientras cogemos, me calienta más, me pone a 100, me encanta eso.
Tocaron, Carlos se levantó por los jugos, brindamos por nuestra felicidad y los tomamos, él con mucha rapidez y marcó el número de madre y lo oí decir:
-Sí madre, Nayeli y yo estamos aquí en las Hadas en Manzanillo.
La verdad madre, que los dos estamos felices. Estaremos aquí hoy y mañana en la noche nos regresamos. Te hablaré cuando lleguemos a la casa… Sí madre, yo le doy tus saludos. Ella te manda saludar también.
Dice madre que está muy contenta de que estemos juntos y felices.
-No se qué pensar de madre.
-Hoy es otra cosa, hermanita.
-¿Sabes Carlos? Me parece que cuando empecé a decir que quería casarme contigo, no pensaba en lo sexual, era que yo quería estar siempre contigo y era el modelo que conocía (por intuición, claro). Mi inquietud comenzó, cuando, al saludarte, brincaba sobre de ti, rodeando tu cintura con mis piernas, fue cuando empecé a sentir cosquillitas en mis pezones y en mi conchita.
-Muchas veces que hiciste eso hermanita, como que el impulso natural era sujetarte por la nalgas. Pero, si estaba madre, ni hablar, no iba a hacer algo que la contrariara. Si estábamos solos, no quería ser yo el que te metiera ideas contrarias a la moral de la casa. Así que siempre me abstuve.
Las veces que me llevó madre a saludarte al internado, te veía tan hermosa, con tus senos incipientes y tus bellas piernas, que al saludarte te abrazaba lo más fuerte que me era posible, sin despertar sospechas en madre. Te amo desde que naciste hermanita y te deseaba desde esos abrazos. Por eso hoy, que me ha sido posible, empuñar mi parte dura e introducirla en tu parte blanda, me siento en la felicidad total.
-Bien, le dije mientras lo jalaba hacía hacia mí, no defraudemos a madre que quiere que seamos felices. En efecto, empuñó su verga y la metió con toda facilidad en mi vagina húmeda y viscosa. Cada coito había sido nuevo, diferente, sensual y erótico a más y este no lo era menos, lo disfrutaba enormemente con los ojos cerrados concentrándome en eso de la dureza y la suavidad y me parecía que el acoplamiento y la complementariedad entre ambos era algo maravilloso. En eso, Carlos me dijo como en un susurro;
-Hermanita, quiero cogerte por tu sabroso culito. ¿Me dejas?
-Claro que sí hermanito, puedes hacerlo por donde quieras, soy tuya. Interrumpió su movimiento, a la vez que me decía
-Acomódate como si lo fuéramos a hacer de perrito.
–Como respuesta a su propuesta, me coloqué en cuatro patas, con el coño al viento. Carlos no desaprovechó la oportunidad para comerme la vagina. De pronto, algo nuevo, me lamió, me beso y me chupo el culo. -Qué maravilla, -me decía mientras gemía, en un tono diferente.
Todo lo podía ver por el espejo lateral. Así vi que se incorporó, quedó de rodillas detrás de mí, empuñó su verga con la mano derecha, la pasó varias veces por mi chocho y me la metió con suavidad y la dejó ahí un momento, podía sentir en mi culo húmedo de su saliva el pelamen de su pubis.
Luego de algunos movimientos lentos, acompasados, la sacó escurriendo, pasó sus dedos sobre mi vagina, los llevó a mi ano, metió uno con suma prudencia, lo giró e redondo, respondí con gemidos. Sacó el dedo sólo para meterme dos, también los giro, yo me retorcía por la serie de nuevas e inesperadas sensaciones que esto me producía y gemía más.
Sacó los dedos, empuñó su verga nuevamente, la colocó en la entrada de mi ano y sin soltarla empujó, me convulsioné, grité, sácala, sácala. Se quedó quieto, pero no me hizo caso, con una mano, me detenía para que no me la fuera a sacar, con la otra acariciaba mi almeja húmeda, resbaladiza.
Me fue pasando esa sensación de puñalada, vi que en realidad no me dolía, sentía dentro, como el principio de una cuña que amenazaba con dividirme en dos, así que el grito fue de miedo ante la posibilidad de ser partida. Me calmé y empujé para que entrara más, Carlos entonces, la sacó un poco y empujó otro tanto, nuevas sensaciones con el avance de la cuña, pero ya no me resistía.
Ahora estaba dispuesta a entregarlo todo, a que me partiera si fuera preciso, repitió varias veces el movimiento de retiro y empuje, hasta que sentí sus huevos pegados a mi conchita. El permaneció quieto algunos instantes. Me sentía llena, me di cuenta que mi entrega era total, era su mujer pasiva y rendida, él me tenía dominada por completo.
Empezó un movimiento lento de vaivén y me dijo:
-Hermanita, cuando yo saque, aprieta, cunado yo meta, afloja.
-Así lo hice, me invadía la lascivia a medida que Carlos aumentaba la velocidad del movimiento, ahora yo me retorcía de placer, gritaba como hembra en celo y gemía como hembra herida. Oleadas de espasmos recorrían mi cuerpo caliente. Toqué mi pucha, estaba empapada, pegajosa, me acaricié levemente, me retorcí de placer, apretando más la verga de Carlos que entraba y salía en mi culo.
Lamí mi mano, saboreando mis propios jugos. La llevé nuevamente a mi almeja, me apreté lo más que pude y me llegó la oleada de espasmos del orgasmo, un orgasmo nuevo, diferente, cachondo a más no poder. Carlos soltó un grito grave ahogado, se estaba viniendo. Sacó su verga chorreando de mi culo y se desplomó a mi lado. Me lancé sobre su verga y sin pensarlo la limpie, unas lamidas desde la raíz hasta la punta, tomé la cabeza entre mis labios y succioné, Carlos se estremecía. La introduje en mi boca hasta el fondo, varias veces, hasta que el pene, ahora semi flácido, relucía de limpio.
Entre tanto, sentía como se escurría el esperma caliente de mi hermano, desde mi culo, pasaba sobre mi concha y mezclado con mis propios jugos bajaba por mis muslos que todavía estaban vibrando. Iba acostarme al lado de mi hermano, pero el me atrajo a si para darme un beso. Ahí estábamos, los dos hermanitos amantes terminando en un beso perverso.
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La historia de como dos primos disfrutaban al máximo cuando tenían la oportunidad de verse teniendo un sexo estupendo.
Yo nací en un país donde la gente nace caliente por naturaleza, el sexo se tiene en la sangre y se descubre rápido, yo no recuerdo como lo descubrí pero se que siempre duermo desde que soy pequeña tocándome el clítoris, que sabía es la naturaleza, nos conduce a nuestras fuentes de placer.
Recuerdo que era una niña pequeña y juguetona. Cuando iba al pueblo a ver a mi abuela me gustaba estar desnuda por la casa y descalza como una pequeña salvaje jugando con mis vecinos, amigos, etc. Como mi madre no me dejaba, me sentía libre.
Uno de mis juegos favoritos con mi primo Andrés 3 año más mayor eran las cosquillas, desde muy pequeñita creo que 5 años él se encargaba de cuidarme cuando estaba en el pueblo, los demás primos eran adolescentes y no nos hacían caso.
Recuerdo que veíamos la televisión, cenabamos, nos duchaba y nos metían en su cama, si no quería dormirme o me ponía a saltar, él me decía viene el monstruo cosquillas y yo me partía de risa, mientras él me hacia cosquillas por todas partes de mi cuerpo, el caso es que yo me partía de risa, no podía parar y siempre quería más, aunque nunca he tenido cosquillas.
Lo que si recuerdo totalmente es cuando tenía 9 años, una noche tenía tanto calor que me quite la sabana y el pijama y él hizo lo mismo y me dijo que si quería jugar a las cosquillas que hacia tiempo no jugábamos, pero q no podía hacer mucho ruido porque nos castigarían, me dijo que me pusiera la sabana en la boca, yo le dije q si, y empezó hacerme cosquillas como siempre mientras yo reía encima de él, pero empecé a notar que las cosas cambiaban, mientras antes me tocaba y restregaba su cuerpo con el mió pero no se localizaba en ninguna zona, ahora con una mano me hacia cosquillas y con la otra me tocaba el coño muy despacio, al principio no me gusto y me quede dormida.
Al día siguiente recuerdo que fui al baño y me toque de la misma manera que él había hecho la noche anterior pero no era igual.
Dos días después, le dije que quería jugar al monstruo cosquillas y me dijo, pensaba que te habías hecho mayor y ya no te gustaban y le dije si me gustan, empecé a reírme, mientras me desnudaba, nos metimos debajo de las sabanas y me dijo te voy hacer cosquillas de niñas mayores, quieres y le dije como las del otro día, me respondió que si y le dije que me habían gustado. Notaba sus manos tocándome por todo el cuerpo y restregándose contra mi cuerpo, mientras su mano tocaba mi vagina inexplorada que estaba descubriendo los placeres de su mano, me gusto tanto que me quedaba quieta fascinada mientras él repetía que le gustaba jugar conmigo a las cosquillas. Nos tiramos así dos semanas, cada noche al meternos en la cama me desnudaba y me hacia cosquillas de niñas mayores y yo estaba encantada.
Al año siguiente mi abuela se le ocurrió pasar las vacaciones en mi casa y no pude ver a mi primo Andrés y así pasaron dos años, en lo que yo por las noches me hacia sus cosquillas y recordaba todo lo que pasaba entre nosotros.
El verano de mis once años, yo estaba tan ilusionada con verle, pensaba que todo sería igual pero no fue así, ese verano me dieron una habitación para mi sola, yo estaba siendo cada vez mas mujercita y como se me desarrollaron los pechos ya tenia sujetador, aunque aun no tenía la regla.
El reencuentro con mi primo fue muy frío, él se había vuelto rebelde y tenia granitos en la cara, ni me miraba.
La primera noche no paso nada, pero la segunda vino a mi habitación, estaba enfadado porque había tardado mucho en ir a verle, pero me dijo q si quería que jugáramos y le dije que si tímidamente, cerro la puerta y me dijo q estábamos solos que todos habían salido a cenar fuera que solo quedaba su madre y estaba ya dormida.
Recuerdo que se sentó en la cama y me dijo ya eres una niña más mayor, tengo que enseñarte caricias para niñas tan mayores como tu, me pregunto que si quería aprenderlas y le dije que tenía muchas ganas de aprenderlas. Me quite el pijama y me quede en braguitas, se acerco y me dijo que si tenía pelitos, y le dije que algunos, y me dijo me dejas verlos y me quite la braguita, me tumbe en la cama y abrí las piernas como lo hacía cada noche que pensaba en él. Empezó acariciarme lentamente todo el cuerpo y me dijo quieres que me quite la ropa y le dije si, mientras me metía en la cama. Antes de meterse en la cama se desnudo y dejo ver su pene, yo había visto los de mis amigos pero este estaba como un pincho, era pequeñito pero duro y me dijo yo también quiero cosquillas de niños de mi edad me las haces y le dije si me enseñas.
Nos metimos debajo de la sabanas y empezó a tocarme y a excitarse cada vez más, me tumbe boca arriba con las piernas cerradas y puso su pene en medio de mis piernas y empezaba a moverse arriba y abajo mientras me chupaba mis pechos y al poco note un liquido en mis piernas que limpiamos rápido y se marcho.
Repetimos ese juego una noche más pero era difícil que nos dejaran solos ya que éramos los peques. Una tarde le dijo a mi abuela que me llevaba a la piscina de casa de un amigo suyo, y me dijo vamos a jugar un rato quieres y le dije si.
Llegamos a un matadero abandonado a la hora de la siesta y me quite la ropa y él también, pusimos las toallas en el suelo, y me dijo que quería hacerme algo para saber si me gustaba, que abriera mucho las piernas, y sentí su lengua en mi coño que ya lubricaba solo al saber que íbamos a jugar a nuestro juego. El se paso así mucho tiempo y no paraba de tocarse el pene y luego le salio el liquido, yo pensé que nos marcharíamos y me dijo te gusta la leche condensada y le dije que si, y me dijo tengo un postre muy especial, se unto su pene de leche condensada y me dijo es como un helado, ven chúpalo. Todo lo que él me pedía y me hacía me gustaba, entonces me puse de rodillas y empecé a chuparlo y era tan agradable, llevábamos así un rato cuando se tumbo en las toallas y me dijo ponte encima y ponme tu cosita en mi boca que vamos a tomar el postre juntos nos echamos leche condensada y estuvimos haciendo el 69 un buen rato, recuerdo que me encantaba echarle leche condensada y cuando me levantaba me sentaba un poco en su cara y sentía su lengua dentro de mi, cuando se dio cuenta de que me estaba encantando me dio la vuelta, me echo leche condensada en mi coño y empezó a comérmelo penetrándome con su lengua sin parar, para luego pasar a la punta de sus dedos y a la punta de su pene. Eso lo repetimos varias veces ese verano.
Me empecé a dejar llevar por el deseo por mi primo Yo aprovechaba cuando estábamos solos para ponerle mi culo en su polla y ponérsela dura, le iba a despertar y le despertaba chupándosela, estábamos encantados era todo tan prohibido y tan emocionante pero acabaron las vacaciones y me fui.
Me pasaba todo el invierno fatal, tocándome, necesitaba jugar con él.
Ese verano me fui varias semanas antes, me dijo mi abuela que los padres de Andrés se habían ido a EEUU y que él se quedo con ella, yo estaba tan emocionada, nada más llegar le dije tengo ganas de jugar y él me dijo y yo.
Esa misma tarde nos fuimos al matadero y estuvimos tocándonos, haciendo el 69 y le dije: ya soy mas mujer y tu un hombre, te ha crecido también observando el pene tan grande y duro que tenía. Él me dijo que si quería sentir su polla dentro de mi, es como la lengua pero más dentro, y le dije que si, me dijo q si tenía la regla, le dije que aún no, me dijo q me dolería pero que luego nos gustaría a los dos, que él tenía muchas ganas de estar dentro de mi y le dije bueno. Que íbamos hacer algo especial y nuevo para los dos, espérame esta noche en tu cama que tengo que ponerme crema para que te duela menos, espérame desnuda esta noche que vamos a jugar al monstruo cosquillas.
Esa noche esta nerviosa y me desnude completamente, le vi aparecer nervioso con un bote de aceite de ducha en las manos, cerro la puerta y se desnudo, se metió en la cama y me beso y yo a él, me dijo quieres ser mía chica especial y le dije que si él quería ser mi monstruo especial y me dijo siempre.
Puso su camiseta blanca bajo mi culete, empezó a introducir su pene lleno de aceite muy despacito y sentí un dolor tan grande que le obligaba a quedarse quieto dentro de mi y poco a poco iba metiendo un poco más, hasta que me dijo esta toda dentro, te duele, le dije q un poco y me dijo tenemos que estar así varios días hasta que no te duela, eso mismo hicimos durante una semana y nada que salía sangre ni se rompía el himen, el estaba sorprendido, parecía que tenía un himen bastante elástico, ese verano con casi 13 años y él 16 deje de ser niña para ser la mujer, mi himen al final se rompió y deje de ser virgen con mi primo Andrés del que he estado siempre locamente enamorada, igual que él de mi.
Nos pasamos el verano follando seis o siente veces al día, parecíamos animales, buscando siempre como estar solos y follar en cualquier rincón de forma rápida sin desnudarnos o lenta durante horas, aprendimos posturas más placenteras, y volvimos a ser nuestro postre tantas y tantas veces, empecé a sentir los orgasmos y a engancharme a su polla y a su lengua, igual que él a mi coño, mis tetas y mi boca. Empecé a pedirle las cosas que me gustaban y hacerle enloquecer cuando le follaba entando encima. Fue nuestro despertar sexual que nos duro hasta que cumplí 16 años y que nos ha marcado siempre porque nos genero la necesidad de follar sin parar.
Siempre estaba deseando ir a pasar las vacaciones en el pueblo para estar con Andrés, pero cuando cumplió 19 años dejamos de vernos, empezó a decirme que no estaba bien que éramos familia pero alguna noche no podía resistirse y venía como un perrito deseoso luchando contra sus impulsos.
Muchos años después en unas navidades coincidimos, todo se había enfriado cuando empezamos a tener más experiencias, parejas. Esa noche vino a mi cuarto, yo tenía 24 años y me dijo jugamos y le dije si siempre, y volvimos a follar como cuando éramos niños con la misma pasión, el deseo, me dijo que se casaba y que el juego terminaba pero q no podía dejar de pensar en él. Hay días que nos quedamos solos y me abraza y me dice al oído, echo de menos ser tu monstruo, ay mi Andrés!!!!!
Un hermano de 20 años no se pudo resistir a la tentación y se follo a su hermanita de 18 años.

Obviamente cuando eres niño, lo mejor en tu vida es salir de vacaciones con tus padres. Luego creces, comienzas a tener amigos y ya las vacaciones no son lo que tú esperas. A los padres les cuesta mas llevarte de vacaciones, ya que te separa de tus amigos, van a lugares donde te aburres, etc. Pero cuando ya tienes 20 años, obviamente ya pesas más y si no quieres ir con ellos, simplemente no vas. Este fue mi caso. Obviamente preferí quedarme solo en casa 2 semanas, aprovechando ella libertad para hacer lo que quiera y aunque mi madre se llevaba la llave de su auto, para que no lo sacara, ya tenía guardada una copia de este desde hace un mes adelantándome a la estrategia de mi madre.
Pero con lo que yo no contaba, era que mi hermana Karen, también se revolucionó y no quiso salir con ellos. Mi madre no quería dejarla, pero mi papá, hombre de pocas palabras, dijo que ahí no se obligaba a nadie y si no quería ir, que se quedara, total yo me encargaría de cuidarla y ella a mi. Todos mis planes, fiestas programadas en la casa o sacar el auto, se me fueron a la mierda. Con Karen nos llevábamos pésimo, siempre peleábamos y aunque me autorizara asacar el vehículo, tarde o temprano terminaría contándoselo a mis padres. Por mas que trate de que se fuera con ellos, llegó el fin de semana y mis padres se marcharon dejándome el cacho de mi hermana de 18 años, advirtiéndome de todas formas que yo era el hermano mayor y que debía cuidarla, mientras que a ella, le advirtieron que yo quedaba a cargo de ella y que debía hacerme caso en todo lo que yo dijera. La muy sínica le decía que si a todo lo que mis padres le recomendaban, pero yo sabía que apenas se fueran, ni en chiste me haría caso en algo.
Tan solo pasó una hora desde que se fueron cuando tuve mi primer encuentro con mi hermana. Nos pusimos a discutir por quien de los dos iba a ocupar la cama de mis padres, obviamente cama de dos plazas, televisor grande a control remoto, aire acondicionado en la pieza etc. A la finales logre ganar esa discusión y me quedé con la pieza. Pero quedamos claro que no nos pescaríamos para nada. Que ella hiciera su vida, y yo la mía.
Karen era mi única hermana menor, y a sus 18 años se creía dueña del mundo. Revolucionaria, peleadora, insolente a veces con mis padres. Había recién empezado a salir a la disco, que aunque no permitían menores de edad en el recinto, su porte y su forma de vestir siempre le permitió pasar la portería. No era una mujer muy llamativa, muy delgada, con pequeños pechos, pero era muy alta para su edad y como se comportaba tan agrandada para su edad, podía pasar como de 21 años.
Mis planes estaban hechos. Esa noche esperaría que mi hermana saliera con sus amigas antes que yo, y luego sacaría el auto. Mi hermana seguramente llegaría antes que yo, seguramente con algunas copitas de más y nunca se le ocurriría salir al patio a ver si el auto estaba ahí. Yo luego lo entraría empujando para que ella no se despertara.
Eran como las 4 de la mañana, estaba en la casa de unos amigos, pasándola muy bien, bebiendo como mi 8º cerveza, cuando suena mi celular. Era el número de Karen. Por la hora, pensé que había vuelto a la casa y al no encontrar el auto seguramente me estaba llamando para molestar. No la tomé en cuenta, pero este siguió sonando y sonando, hasta que pensé que podía tener algún problema y contesté. La voz al otro lado del teléfono era de una de las amigas de mi hermana, que me pedía que por favor me devolviera a la casa, que mi hermana se sentía mal y que no habían encontrado sus llaves. Ya me imaginaba cual era el problema. Seguramente se le habían pasado las copas y las amigas la llevaban borracha a la casa. En un principio pensé en dejarlas ahí y que se las arreglaran solas, pero después me puse a pensar que podía verla algún vecino y comentarle a mis padres, por lo que preferí ir. Total como andaba en auto, iría solo a abrirles la puerta a sus amigas y me devolvería a mi fiesta, dejándolas a ella con el problema.
Manejé hasta mi casa y sentadas en la banca de afuera estaban las dos amigas de mi hermana, y Karen en un estado lamentable. Su ropa estaba toda vomitada en completo estado de ebriedad. Me molesto mucho verla llegar a si, ya que por muy antipática que fuera era mi hermana y podía pasarle cualquier cosa.
Las amigas me comentaron que Karen había sorprendido a su novio con otra mujer y que se había puesto a beber como loca, quedando en un crítico estado etílico. Yo les dije que era su problema, le abrí la puerta y me desentendí de ellas. Apenas la podían levantar a si que me acerque, la tome en brazos y la lleve hasta su cuarto, dejando que las amigas le sacaran su ropa vomitada y que la acostaran. Me quedé de todas formas para esperar que las amigas se fueran, y mientras lo hacía me fui al cuarto de mis padres, prendí la televisión y me tome otra cerveza, esperando. Pasaron como 15 minutos, me levanté a ver como les iba a las amigas, la luz estaba apagada, y las amigas se habían ido.
Me estaba preparando para salir nuevamente, pero vi la hora, ya era muy tarde, no valía la pena volver a salir, además con todas las cervezas que me había tomado estaba bastante mareado y podía hacerle algún daño al auto, por lo que preferí quedarme. Me fui a acostar y me puse a ver televisión. Coloqué el canal donde muestran películas de alto contenido erótico, que sin ser porno, no les falta nada para llegar hacerlo, y al poco rato ya estaba empalmado, viendo como una enfermera daba una especial atención a su paciente. Pase como 20 minutos viendo televisión y me calenté. Hacia como dos meses que no me pegaba un polvo y dentro de mi mareo y mi calentura, algo me dio por ir a ver a mi hermana. Con morbo pensé que en el estado que se encontraba, podía destaparla y ver si podía verle algo. Aunque era mi hermana, y su cuerpo no era muy agraciado, era mucho más excitante que estar viendo películas y como no tendría una oportunidad como esa, me fui directo a su cuarto. Prendí la luz y la vi durmiendo tapada boca abajo. La llamé y no me contestó nada.. Me acerque a ella, la moví y nada. Estaba muerta, babeando la almohada y hedionda a trago.
Corrí la ropa de cama y vi como las amigas le había sacado el pantalón y la blusa que llevaba, dejándola solo con ropa interior. Sus pequeñas bragas se le metían en su culito, por donde aparecían disimuladamente algunos pelos. La miré por un rato, con mi mano entre mis piernas, tocándome, sin decir nada solo mirándola. Acerque mi cara a su culo sin tocarla, solo para sentir su aroma, mmmm se sentía delicioso.
Le toque la espalda y la moví como para despertarla, sin conseguir ni siquiera una respuesta de vida en su delgado cuerpo. Me tenia muy excitado sentir que podía hacer cualquier cosa con ella y que no se daría ni cuenta, por lo que apague la luz y preferí prender la lámpara del velador, colocando una prenda de ella sobre esta para hacer una luz mas tenue. Suavemente comencé a tocarle la espalda, bajando hasta su culo, recorriéndolo completamente, lo acariciaba con suavidad, para no moverla mucho de todas formas. Con mi dedo comencé a trajinar donde se perdía el calzón, con movimientos circulares, tocándole la entre pierna a mi hermana. A veces pensaba en detenerme e irme, pero era mayor el morbo, y pensé que si no hubiese sido yo, quizás cualquiera podría haberlo echo.
Poco a poco mi dedo presionaba mas sobre la tela que de un momento a otro se comenzó a humedecer. La corrí un poco hacia el lado y volví a meter mi dedo, rozando su vulva, sus labios hasta que siempre con suaves movimiento, mi dedo penetró un poco sintiendo una notable humedad.
Ahí estaba yo, sentado a al lado de mi hermana hurgueteando su concha, sin que ella reaccionara de ninguna forma. Lentamente mi dedo fue entrando, más y más hasta meterlo por completo. Se notaba que ese camino no era virgen, ya había sido recorrido por alguien, seguramente por Felipe, su ex novio. Comencé a follármela con mi dedo, a veces sacándolo y llevándolo a mi nariz, para sentir su aroma, para volverlo a meter.
Instintivamente me llevé el dedo a la boca y probé el sabor de Karen. Mmmm que delicioso, sabia mejor de lo que olía, me excitaba , me calentaba, mientras con un dedo sacaba los jugos de ella, con mi otra mano me tocaba suavemente mi verga, pensando que era esta la que entraba y salía.
Pensé en probar ese sabor directamente desde el manantial de donde salía y acercando mi cara hasta ahí, saque lo mas que pude mi lengua para hacerlo, pero no conseguía llegar, aun separándole las piernas para darme una mejor cabida.
No quería desperdiciar esa oportunidad, y tomé valor y le saqué sus calzones dejándola con todo el culo al aire. Total, como estaba, no me costaría mucho volver a colocárselos. Así lo hice. Con gran cuidado se los saque y le separé bien las piernas. Me coloque acostado de boca entre sus piernas y traté de besarle su zorrita, pero igual no alcanzaba a llegar hasta donde quería. Sin embargo no desaproveche de hurguetear con mi lengua dentro de su culito, aunque este estaba en extremo cerrado.
Ya con mas confianza, y entregado completamente al morbo y al placer, me levanté y tomándola de los hombros la di vuelta. Mi hermana estaba completamente a mi merced, dormida profundamente, inconciente, sin percatarse que su hermano mayor se estaba deleitando con su delgado cuerpo.
Su monte de Venus estaba apenas poblado, no tenía mucho pelos, pero si bastante largos. Le separé sus delgadas piernas y adopté la misma posición anterior, salvo que esta vez mi lengua entraba perfectamente donde quería. Ahí me encontraba yo chupando directamente desde la concha de mi ebria hermana sus jugos, alternado entre mi lengua y mi dedo que cada vez se metía mas adentro.
Cada vez pasaba mis límites. Primeramente solo quería verla, luego quise tocarla, ahora la estaba lamiendo, pero pensé que en el estado en que se encontraba, si ya le había metido un dedo y no se había dado cuenta, tampoco se daría cuenta si le metía mi pene.
Me saque toda la ropa, dejándola en el pasillo, por si tenía que salir rápidamente de ahí. Mi hermana seguía tendida en la cama, con sus piernas abiertas y su ya extra lamida concha. En un momento de cordura, pensé en que llegar mas allá, podía incluso llegar a embarazarla, por lo que en mi interior me di la orden de que solo le pasaría el pene por fuera. Me coloque sobre ella, pero sin cargar mi cuerpo, con mis brazos apoyándome en la cama.
Solo mi verga se rozaba con su conchita, nada mas, sintiendo su humedad, y viendo al rato como un pequeño hilo espeso de nuestras mucosidades nos unía cunado yo me separaba de ella. LA sensación era deliciosa, y me moría de ganas de penetrarla aunque fuese solo un poco, pero me frenaba al pensar en las repercusiones de ese pequeño paso. Mas, el hombre piensa con dos cabezas, una la que tiene sobre sus hombros y la otra que tiene entre sus piernas, y poco a poco me fui autorizando hasta llegar a meterle solo la punta de mi pene. Pero eso no hizo otra cosa más que calentarme más aun y cada vez entraba un poquito más, para volver a salir instantáneamente. Luego mi permanencia dentro de ella se hacía mas larga y cada vez se lo metía un poco mas, hasta que ya era tarde, se lo tenía todo metido.
Suavemente se la fui metiendo y sacando por mucho rato, conteniéndome de no acabar, cada vez mis movimientos eran mas notorios y mi verga entraba deliciosamente al interior de mi hermana, que aun totalmente inconsciente no se daba cuenta que era follada por su hermano. A veces me tenía que detener por un buen tiempo esperado que mi excitación disminuyera un poco, para volver a metérsela ya sin contemplación hasta lo más adentro que pudiera.
Mis brazos se cansaron de estar en esa posición y me tuve que bajar de ella. La miraba ahí desnuda con sus piernas abiertas y su concha ahora penetrada por la verga de su hermano. Veo por la ventana como la noche estaba acabando y comenzaba a cambiar de color el cielo. Ya había estado casi por una hora jugando con Karen y ya me tenía que retirar para que mi violación quedase en secreto. Pero su cuerpo desnudo y yo aun sin acabar ….
Hice un gran esfuerzo por tratar de retirarme, pero no me podía ir sin acabar. Completamente confiado en el estado de mi hermana, me acerque a la cabecera y le coloque mi verga en sus labios llenos de saliva, con la almohada toda mojada. Se la pase por ellos viendo como mis principios de semen quedaba uniendo mi verga y sus labios. Eso no hacía mas que calentarme más aun y dándome mi última orden mental, me dije a mi mimo que la penetraría solo 5 minutos mas, que acabaría en sus calzones y que me iría a mi cuarto.
La estaba colocando de lado y ella solo dio un profundo suspiró que me asustó un poco, pensando que podía estar despertando, pero no, estaba completamente dormida. Después pensé que en esa posición podía moverla mucho, por lo que volví a colocarla como estaba. Le separe las piernas y volví a chupársela, para luego montarme y metérsela nuevamente. Esta vez mi pene entro con un poco mas de resistencia, su lubricación se había secado un poco, pero eso me no hacía mas que hacerme sentir mas a mi. A los pocos minutos de estarla follando, sentí como ya estaba a punto de acabar. Busqué cualquier ropa de ella y la dejé cerca para descargarme ahí, pero se sentía tan rico y quería salirme en el momento exacto. Cuando sentí que ya no podía aguantar mas, me salí de ella, pero no fui lo suficientemente rápido por la posición en que estaba y mi primer corto chorro de esperma quedó en su interior, mientras el segundo y el tercero cayeron en su vientre y piernas, mientras tomaba la ropa donde terminaría de botar toda la leche que tenía hacer. La vi desnuda, con resto de mi semen en su cuerpo. Me limpie y la limpié a ella.
Preocupado de haber echado mi semen en su interior, pero ya nada podía hacer, solo rezar para que nada pasara. Le volví a colocar sus calzones, la tapé y me marche al cuarto de mis padres, mientras comenzaba amanecer.
Autor: materia
Email: antimatter_h@hotmail.com
Desde pequeños cuando llegaba el verano era seguro que nos fuéramos de vacaciones a la costa. Pero desde el divorcio de nuestros padres ya no lo hacíamos tan ritualmente. La separación fue en buenos términos, pero aun así no es muy frecuente el trato con nuestro padre. Delia, mi madre, una enérgica mujer de armas tomar, a sus 44 años, luego de un par de años sin pareja, en los que prefirió solventar su estatus laboral, finalmente comenzó a salir con un ex-compañero de trabajo, Julio; un hombre que parecía no ser mala gente pero que tampoco nos caía muy simpático ni a mi hermana Silvia ni a mí. Cuando llegó el momento de las vacaciones mi madre nos propuso ir a la casa de Julio, en la costa, por dos semanas.
Me gustaría, pero no puedo, sabes que tengo que estudiar para ese examen le dije.
¿Y tú Silvia?-preguntó mi madre sin muchas esperanzas en que mi hermana aceptase.
Lo siento mamá, pero este verano prefiero quedarme aquí ya que Ana no se irá a la costa dijo casi con indiferencia.
Mi madre quedó en silencio, pensando mientras comía. Me dio un poco de lástima por lo que luego de unos instantes le dije:
Bueno, quizá si puedo adelantar en la materia, me vaya unos días para allá, aunque tenga que arrastrar a esta mocosa de los pelos.
Mi madre sonrió ante la ocurrencia y la respuesta airada de Silvia que, al no poder hablar, me tiro un pedazo de pan a la cara.
Así que tendrás el tiempo suficiente para poderte divertir con Julito dijo Silvia, irónicamente.
Parece que sí, por unos días...no te imaginas cómo voy a follar dijo a las risas mientras, se levantaba de la mesa. Cada vez que tomaba una copa de vino soltaba su lengua, aunque ya de por sí no guardaba muchos tapujos para decir las cosas claramente. Mi hermana la miró casi sorprendida y me miró como buscando que le diera la razón sobre el atrevimiento de mi madre, pero sólo atiné a sonreír y con un gesto de mi mano le indiqué que el vino era el culpable.
Llegado el mediodía del viernes, mi madre emprendió viaje. Antes de irse advirtió a mi hermana que no saliera a bailar ni diera problemas, y a mí me encargó el cuidado de la casa y de ponerle límites a Silvia. La dejé tranquila asegurándole que así sería, pero yo estaba seguro que esas exigencias eran más por cumplir al mínimo con el rol de madre responsable, que por auténtica preocupación.
Silvia llegó corriendo a mi cuarto, luego de unos minutos, y con mucho entusiasmo, me dijo:
Marcos, Ana me invitó a ir a una disco con ella y su novio…
Sabes que no puedo dejar que vayas, eres menor de edad, y sabes que mamá...
Espera, espera; yo pensaba que quizá quieras ir con tu amigo Pablo y su novia, ¿no te parece? Te vendrá bien tomarte unas horas para divertirte. ¿Qué dices?
La verdad es que Silvia procedió con tanta prisa y buen tino para planificar las cosas que no tuve más remedio que decirle que sí, siempre y cuando Pablo aceptase la invitación.
Eso quedó concretado, por lo que finalmente le dije a Silvia que podríamos salir un rato a la noche. Ella se acercó a los saltos y me dio un sonoro beso en la mejilla.
Gracias, gracias, hermanito, ya podré pagarte este favor. Ya verás cómo nos divertiremos esta noche.
Vale. Ahora ayúdame a ordenar la cocina.
Silvia siempre me había parecido una chica atractiva. No es dueña de una belleza por la que todos los hombres se fijen en ella con la libido exaltada; pero a su inteligencia y un cierto descaro, sumaba un rostro armonioso y un cuerpo delicado, con formas bien delineadas, sin exhuberancias. Y no seré hipócrita; me fijé en ella desde que empezó a volverse una chica bonita, y más de una vez no dudé en admirar su cuerpo, por entero, deteniéndome en su pequeño y redondeado trasero, o en sus bien proporcionados senos. Su pelo castaño claro, sus labios alargados y carnosos, además de su mirada, algo felina, conformaban un rostro bonito al que también prestaba mi atención. A decir verdad, a sus 17 años era una chica muy atractiva. A pesar de lo que pensara de Silvia, nunca tuve intenciones claras de aprovecharme de ella, pero no negaré que era consciente de la pequeña satisfacción ante un roce eventual de nuestro cuerpos. Cuando ella era más pequeña (debo decir que yo tengo cinco años más que ella), siempre se sentaba en mis piernas, y a veces, sobre una de ellas jugaba, al caballito. La última vez que quiso hacerlo, ella tenía catorce años, y llevaba tiempo sin pedírmelo hasta que una tarde, mientras yo leía un libro de estudios, ella se acercó y de un salto, a las risas, se tiró sobre mi falda. Llevaba una calza de lycra, y sus delgadas piernas quedaron en ángulo recto sobre las mías, y su pequeño trasero sobre mi muslo izquierdo.
Deja de leer estas porquerías dijo sacándome el libro de mis manos.
Vamos, Silvia, debo estudiar.
Pero Silvia no me lo dio. Me dijo que sólo lo haría después de hacerle caballito.
Le dije que no, que no tenía tiempo para niñerías. Pero insistió. Poniendo el libro entre su espalda y el apoyabrazos del sillón, comenzó a dar pequeños saltos sobre mis piernas.
Vamos, no seas malo. Hazme caballito.
Al dar esos pequeños saltos se deslizó y su pequeño trasero, creo que por accidente, quedó prácticamente sobre mi bulto. Ella, quizá sin darse cuenta, siguió son sus movimientos de protesta y pronto comencé a sentir como mi polla comenzaba a inquietarse y crecer bajo el delgado y duro culo de Silvia. Fueron eternos segundos en los que noté mi erección sin saber qué hacer, y sin saber cuándo mi hermana se daría cuenta de lo que ocurría. Tibiamente excitado, la tomé por debajo de sus brazos, haciéndole cosquillas. Ella comenzó a retorcerse, y mis pulgares accidentalmente rozaron sus pequeños senos. Pero nada parecía intencional, y entre risas seguimos por unos instantes más. Pronto, casi sin pensarlo, la tomé de por encima de la cadera, y la giré de tal manera que quedó de espaldas a mí con su culo pegado a la base de mi polla. Así, aprovechando la excusa de querer hacerle cosquillas, comencé a picarla rápidamente en sus costillas, en su suave vientre, y en la espalda, lo que provocaba que Silvia, en una sola carcajada, se retorciera, y se moviera alternadamente en todas direcciones. MI polla ya se notaba en plena erección y poco parecía importarle a Silvia, que sin dudas podía sentir la dureza de mi miembro sobre sus nalgas. Pero en un momento escuché el ruido de la puerta. Demasiado tarde porque pronto entraron mis padres en la sala y nos vieron en semejantes juegos. Mi padre se mostró sorprendido, y con voz firme nos dijo que ya no era posible que siguiéramos jugando de esa manera, y todo un pequeño discurso sobre nuestras edades y cómo deberíamos comportarnos. Ni Silvia ni yo, dijimos nada. Pero mi madre, detrás de mi padre sólo sonreía pícaramente. Cuando mi padre terminó de regañarnos y se fue a su habitación, mi madre llamó a Silvia y se fueron juntas a la cocina, Afortunadamente, ninguno de mis padres pareció darse cuenta de la erección que tenía, pero me preocupó un poco el hecho de que mi madre se llevara a Silvia a la cocina. Esperando expectante, me quedé sentado leyendo mi libro. Al rato, Silvia pasó junto a la sala y me sonrió, sacó su lengua y me hizo el famoso gesto del dedo mayor, para luego subir las escaleras. Entre curioso y aliviado, le devolví el gesto, comprendiendo que mi madre no le había regañado, ni sometido a un exhaustivo interrogatorio sobre el alcance de nuestro juego. Pronto comprendí que mis padres actuaron por reflejo, sin percatarse de lo que había sucedido a ciencia cierta; aunque esto sólo fuera saber de mi real excitación, y pequeño y momentáneo goce, producto del roce con Silvia.
También quise reinterpretar el significado de los gestos de Silvia. ¿Acaso sería posible que en esa serie de gestos estuviera implícita la intención de haber logrado lo que se proponía? De todas maneras, nada más quise especular al respecto. Mis padres tampoco dijeron nada más, y, lamentablemente, pensé que esa sería la única y última vez que se produjera ese tipo de juego con mi hermana. O eso creía. Pero vamos lentamente, estimado lector.
La Noche en la disco.
Al anochecer, Silvia me dijo que se iría bañar antes que llegara Ana y su novio.
Mientras esperaba mi turno para el baño, me senté en el living a mirar un poco de TV y tomar una gaseosa, pero a los pocos minutos tocaron el timbre. Al abrir la puerta me encontré con la amiga de mi hermana. Ana era muy distinta de Silvia; era un más baja que mi hermana, no llegaba al metro sesenta y cinco, era un poco más rellenita y tenía cierta abundancia de curvas. Ahí estaba ella, con un pantalón blanco muy ajustado y una musculosa negra, ceñida al cuerpo, resaltando la exuberante redondez de sus senos. Además llevaba su hermoso pelo rubio atado en un rodete, cayendo dos pequeños mechones sobre sus mejillas. La miré de cuerpo entero, y me quedé unos instantes con mi vista fija en sus hermosos ojos color miel. Finalmente, me sacó del embrujo con un divertido hola.
Perdona, Ana, casi no te reconozco.
Ella se rió. Nos dimos un beso en la mejilla y la hice pasar.
Le dije que mi hermana se estaba bañando y le ofrecí una bebida.
¿No tienes algo más fuerte?
Vaya. Veo que me espera una noche agitada. Eres muy pequeña para andar tomando.
Ja, y tú eres la personificación de la madurezme dijo sin dejar de sonreír ¿Además te parezco una niña? Vamos…
Al decir esto, Ana se había puesto en pose, con sus manos a las caderas, y sacando su busto hacia delante. Le miré fijamente.
La verdad…no. Pero no juegues con fuego, que te puedes quemar. Ahora te traigo una cerveza.
Fui a la cocina a buscar dos cervezas. Pero Ana siguió mis pasos. Por más que dije nunca haberla visto vestida de esa manera, solía fijarme en su cuerpo cada vez que venía a mi casa, y en más de una ocasión aprovechaba a molestarla con lo pequeña que era de estatura, razón por la cual fingía molestarse. Pero nunca fui muy atrevido debido a las poco sutiles y amenazantes miradas de mi hermana,
Cuando saqué las cervezas, Ana estaba recostada sobre la mesada de la cocina, con sus brazos cruzados, levantando sus pechos que quedaban más descubiertos a través del escote.
Le di la cerveza y me senté en la pequeña mesa de la cocina. Ana destapó su cerveza y tomo un trago de la botella. En ese momento me dije que parecían estar dadas las circunstancias para jugar un poco con ella.
¿Y tu novio?
Lo invitaron esta tarde para ir a la costa, a la casa de unos amigos.
Así que no vendrá. No entiendo cómo puede dejarte salir sola.
Ana me miró con una sonrisa.
¿Por qué no?
Es que…mira cómo vas…me parece extraño que no se sienta celoso.
Ojos que no ven, corazón que no siente. Además, ¿por qué debería ponerse celoso si le dije que saldría con Silvia y contigo?
Me dijo esto, y sin dejar de mirarme tomó un nuevo trago.
Es que estás muy bonita, y si fueras mi novia no te dejaría salir de esa manera con nadie que no fuera yo.
Ana se rió.
Él piensa que eres como un hermano para mídijo sonriendo.
Oh, eso quiere decir que…
¿Qué? El piensa eso. Nada más.
Bien, entonces cuando me emborrache esta noche, olvidaremos que él cree eso.
¿Por qué deberíamos olvidarlo?
Porque borracho hago cosas que no debería.
Ana soltó una risita nerviosa y no dijo nada más. La miré fijamente a los ojos, y luego bajé unos instantes mi mirada a sus tetas. Ella advirtió esto, y sin decir nada, se echó hacia atrás en su silla, y comenzó a arreglarse el cabello, por lo que sus tetas parecieron dispararse hacia mí, apenas contenidas por la fina tela que remarcaba su redondez y los ahora perceptibles pezones. Durante los instantes en que hizo esta maniobra, no dejó de mirarme, con sus mejillas claramente sonrojadas. Podría haber echado el movimiento final, pero me dije que hasta ahí debía llegar. Por el momento.
Cuando dio el último trago a su cerveza, apareció Silvia en la cocina y saludó a Ana.
Pronto dejé de fijarme en su amiga para ver a mi hermana. Estaba hermosa, con el cabello húmedo, sus largos y grandes labios pintados de un color que no distinguí muy claramente pero que hacía su boca mucho más atractiva de lo normal. Llevaba una blusa roja, sin tirantes, ceñida al cuerpo, a través de la cual podía vislumbrarse la justa y proporcional forma de sus senos. Un pantalón de algodón, negro y ajustado, marcaba a la perfección sus caderas y sus delgadas y bien torneadas piernas. Después que se saludaron, advirtió mi insistente mirada.
¿Qué te pasa?-me dijo
¿Piensas salir así?
No, si quieres me pongo el hábito. ¿No está mi madre, y ahora te toca a ti?
Bueno, es que vas un poco ligera, por decirlo de alguna manera.
¿Y cómo quieres que vaya? Se supone que en la disco bailemos, hará calor y prefiero estar cómoda.
tienes razón. Y no es que quiera impedir que salgas así, es que los tipos se te van a echar encima.
Para eso vamos con mi hermano y su amigo, ¿no?
Qué noche complicada.
Nos portaremos bien. Ahora, ¿debo dar por entendido que estoy linda?
Sí, Silvia, lo estás. Por eso mismo me preocupo. Ambas están muy lindas.
Dicho esto Silvia se abrazó a Ana, apoyándose mutuamente los senos, y mejilla con mejilla, haciendo cara de niñas malvadas me lanzaron besos al aire. Me reí, terminé mi cerveza y les dije que me iría a bañar. De la ducha sólo diré que no pude evitar pajearme ante la imagen de Ana. Debo admitir, que también, en algún momento la figura de Silvia se me pareció fugazmente, pero no le di mayor importancia. Nunca lo hice.
En la puerta de la disco nos encontramos con mi amigo Pablo y su novia Mara. Era una chica muy bonita, alta de grandes piernas, un hermoso trasero que compensaba la mínima expresión de sus tetas, pero al fin y al cabo era la novia de mi amigo.
Dentro de la disco buscamos un lugar para poder tomar algo, Allí nos quedamos un rato, hasta que Silvia y Ana, junto a Mara se fueron a la pista. Aproveché a tomar algunos tragos con Pablo, y hablamos de un montón de cosas. El admiraba las tetas y el culo de Ana, a escasos metros de nosotros. Le conté de mi intención de juego con ella y que más tarde o temprano le haría una bonita cornamenta a su novio, un tonto niño que no se merecía esa apetecible chica.
Bueno, y hablando de casa, tu hermana Silvita no está nada mal. Deja, que si Mara no estuviera…
Además de Mara, en el caso de que Silvia no fuera mi hermana, no tendrías problemale contesté siguiendo el chiste.
Si no fuera tu hermana, hasta tú le darías.
Jaja. Claro que sí.
Bueno, si tomas mucho alcohol nadie se mosqueará y mañana te olvidas de todo.
Vamos, vamos, es mi hermana pequeña.
Pequeña, ¡pero si media disco se la quiere follar! Aprovecha las vacaciones y juega al doctor con ella.
Ante esta ocurrencia ambos soltamos la carcajada. Pero no pude evitar contemplar una vez más a Silvia mientras se contoneaba sensualmente al ritmo de la música.
Me fui a la barra a buscar unos tragos cuando Ana llegó y se colocó junto a mí. Tomando mi brazo me pidió que le comprase otra cerveza. La miré, y a esas alturas el alcohol había empezado a aflojarme la lengua.
Lo que precisas es algo más fuerte. Te invito un trago.
Tú compra que yo pagome contestó. Pedí el trago y se lo di a Ana. Ella quiso darme el dinero pero no se lo acepté.
Deja, deja, este lo invito yo le dije, pero Ana insistía ante mi negativa. Finalmente, tomó el dinero y quiso colocarlo en el bolsillo trasero de mi pantalón. Yo reía y me negaba.
Basta, Anita. Además no llevo el dinero atrás, sino adelantele dije mientras señalaba mi bolsillo. Ana me miró, sonrío, y como si me desafiara, introdujo su mano en el bolsillo del jean. Pude sentir como sus dedos rozaron, casi imperceptiblemente, mi polla.
Bonita alcancíame dijo sonriendo, mientras sacaba muy lentamente la mano.
Ya ves, no es una “chanchita”; más bien un pequeño “burro”- le contesté, atrevidamente, aprovechando mi leve ebriedad.
Ana, me miró, sonrió.
Eso habría que averiguarlome dijo y dio un largo trago a su vaso.
¿Tú quieres hacerlo?
¿Me lo estás proponiendo?
No me contestes con otra pregunta.
A veces soy muy curiosame dijo mientras jugaba con un dedo en su trago y se lo llevaba a la boca.
Tomo eso como un sí.
Tú no deberías tomar másme contestó con una sonrisa.
Ambos reímos y sentí que ese era el momento clave, o hacía algo en consecuencia de mi interés por Ana o todo se diluiría como un simple juego de palabras y nada más. Me acerqué un paso hacia ella y rozando con mi nariz la oreja de Ana, le dije al oído:
Estás muy linda, Ana. De verdad, sigo sin entender que te hayan dejado sola esta noche.
No estoy solame contestó al oído. Pude sentir la tibieza de su aliento y sentí repentinas ganas de besarla.
No, estás bien acompañada, ¿no crees?- le dije y sostuve mi mirada en sus ojos.
Muy bien acompañadame dijo mientras tomaba mi brazo suavemente.
En ese momento me disponía a besarla, pero Ana se alejó repentinamente. Silvia venía hacia donde estábamos. Silvia nos miró unos segundos, seriamente. Pronto nos sonrió y con una mirada desafiante le dijo a Ana que la acompañara al baño. En ese momento creí que todo se desvanecía y que el momento había pasado. Sabía que Silvia no dejaría que anduviera coqueteando con su amiga. Ana me agradeció el trago y se fue con Silvia, la cual me dirigió una helada mirada.
Las vi alejarse, tomadas del brazo.
Pablo estaba a mi lado junto a Mara. Me miró y me sonrió mientras negaba con la cabeza.
Se acercó y me dijo:
Me parece que hoy no cenas.
Joder con esta pendeja, voy a morrear a la amiga y me la saca de encima.
Yo creo que hay dos opciones, Marcos. Una es que esté protegiendo a su amiga a medio emborracharse antes de que le meta los cuernos a su novio. La otra es que no quiere que compitas con la amistad que tienen entre ellas.
Hay una terceradijo Mara que se acercó a Pablo.
¿Cuál?pregunté
Que esté celosa. ¿O acaso crees que dejará que su amiga coqueteé con su hermanito mayor?dijo Mara.
No digas tonterías, Marale contesté alegremente.
Marcos…tu hermanita no te sacó los ojos de encima desde que Ana se acercó a ti, cuando poco le importó que un tipo mucho mayor que cualquiera de nosotros, le comiera el oído a Ana con propuestas poco santas. ¿Crees que una chica tan competitiva como Silvia dejará que una amiga suya se quede con lo que ella no puede tener? Vamos, Marcos-me dijo con Mara con firmeza y seguridad en sus palabras.
Espera, ¿me estás diciendo que mi hermana no quiere que Ana coqueteé conmigo porque ella no puede hacerlo?
No, no quiere que Ana sea tu magreo de la noche. Silvia puede coquetear contigo, pero no puede hacer nada másme dijo Mara.
Pero estás hablando de mi hermana, Mara, vamosle dije medio incrédulo.
¿Me vas a decir que Silvia nunca coqueteó contigo aunque sea un poco? Consciente o inconscientemente lo ha hecho y tú, consciente o inconscientemente lo has negado. Y viceversame dijo Mara.
No lo creole dije a Mara mientras terminaba de un trago una nueva cerveza.
Creo que deberías creerle, Marcos. Ella sabe lo que dice. En realidad nosotros somos... ¡hermanos!dijo Pablo y los tres empezamos a reírnos.
Mira si quieres, compruébalo. Cuando vuelva Ana, trata de acercarte a ella. Silvia no la llevó al baño para decirle que no se acercara a ti. Sólo se la llevó para marcar territorio pero sin darle muestra de sus temores a Ana. Haz lo que te digo, acércate a Ana y trata de hacer lo que querías un rato atrás, verás que Silvia hará una de dos cosas: Buscará algún tipo para hacer lo mismo que tú haces con Ana, a la vez de mirarte desafiante. La segunda posibilidad es que…
Te diga que se siente mal y que quiere irse a casainterrumpió Pablo.
Exacto, pequeño saltamontes; has aprendido la leccióncontestó Mara y besó a Pablo.
Los miré pensando en la suerte que tenían de estar así esa noche y la mayoría de las otras. Pero también pensé que el más afortunado era Pablo al estar con una chica tan inteligenteamén de sus atributos físicoscomo Mara.
Pero, creo que hay otra posibilidaddijo Mara.
¿Cuál será esa posibilidad? Esto es demasiado complejocontesté.
Que Ana desvíe tu interés por Ana y lo dirija hacia ella misma.
Con otro tipo, ya lo dijisterespondí.
No. Ella podría coquetear contigo y jugar a desdibujar los límites con cierto erotismo y naturalidad. Sólo para que Ana sepa que es algo natural entre ustedes y Silvia le quiera dejar en claro que no debe tomarse mucho esfuerzo para lograr lo que Ana.
En definitiva, te va a dejar la polla como una estacadijo Pablo. Todos reímos a las carcajadas.
Basta de cosas raras, mejor me tomo otra y no los escucho másterminé de decirle y pedí otra cerveza. Pero no podía dejar de pensar, por más efecto que surtiera el alcohol en mi capacidad intelectual, en todo lo que me había dicho Mara. ¿Cuánto habría de cierto en todas sus elucubraciones?
En eso estaba cuando Ana y Silvia volvieron del baño. Ana me sonrió. Le respondí de igual manera y le ofrecí de mi cerveza. Silvia sólo nos observaba sin decir nada. Ana tomó la botella y mientras no me sacaba la mirada de encima, se colocó el pico entre sus labios y bebió largamente. Un poco de espuma salió por el pico. Ana pasó la lengua a lo largo de la botella y la limpió de espuma. Luego me miró y sonrió. Silvia atenta todo esto me tomó de la mano y me llevó a la pista. Empezamos a bailar, sin decirnos nada, un poco de música electrónica. Pero luego llegó el turno de la música tropical ya Silvia me hizo tomarla y bailar a su ritmo. Al principio bailábamos si estar muy pegados, pero Silvia se acercó más a mí y tomando mi brazo, hizo que la rodeara más cercana y firmemente.
Baila como un hombre hermanito.
¿Como debe bailar un hombre, hermanita querida?
Con un poco de picardía y sin miedo de tomar a tu pareja con ganas.
Bueno, es que esto de bailar entre hermanos no es muy motivadorle dije sonriendo.
Claro, seguro quieres que alguien más baile contigo; pero yo lo hago mejor que… y sus palabras se perdieron en el volumen de la música. Le dije que no la había escuchado. Silvia se acercó más a mí, puso una de sus manos en mi nuca como inclinándome hacia ella y me dijo al oído:
Que bailo mejor que algunas putitas.
Sentí su aliento tibio y levemente agitado golpearme en mi oreja. Esas cosas me pueden; y una vez más me sentí agitado, con ganas de que fuera Ana quien estuviera en el lugar de Silvia.
¿A quién te refieres?
No hace falta que te lo diga, la pista está llena de ellasme dijo sonriendo con picardía, y hay algunas fuera de ellacompletó mirándome a los ojos.
No contesté con palabras, sólo reí con ganas. Silvia hizo igual. Mientras la miraba pensaba a mil por hora en todo lo que habían dicho Mara y Pablo. Silvia no coqueteaba conmigo; ¿acaso mi hermanita podría hacerlo? Pero era obvio que sacarme a la pista a bailar de esa manera y hablarme así era la manera de marcar las cosas respecto a Ana. Yo estaba bastante alegre, en el principio de la ligereza de movimientos y la torpeza de lengua. Mis pensamientos iban rápida y confusamente. Miré a Silvia, me acerqué y le dije al oído:
Me voy a follar a tu amiguita.
Silvia me miró, desafiante, con una sonrisa cínica dibujada en las comisuras.
A ella sólo la puedes follar borracho.
¿Por qué? Es una chica muy linda.
No, no lo es, sólo es una chica con tetas grandes y un culo gordo sostenido por esos pantalones un talle más chico de los que debería usardijo Silvia y no pude evitar una carcajada.
Vamos, entonces al menos es atractivale dije una vez más al oído.
Tiene tetas grandes y es calienta pollas, nada másme contestó al oído.
Eh, cómo quieres a tu amiga, hermanita.
Amistad, sí, pero las cosas claras, Ana no es linda, sólo es una calienta pollas con un poco de tetas.
Como quieras pero no hace falta estar borracho para follársela.
Tú estás medio borracho, por eso quieres follártela.
Tienes razón y borracho puedo follarme a quien quierale dije e instintivamente me apreté más aún a su cuerpo, hasta sentir la dureza de sus tetas en mi pecho. Silvia me miró, sonriente. Cuando terminó la canción, le di un beso en la mejilla y le dije que iba al baño.
Mientras caminaba di la vuelta y vi a Silvia, mi hermanita, mirándome de brazos cruzados. Le tiré un beso con mi mano y me dirigí hacia el pasillo de los servicios higiénicos.
En el camino me crucé con Ana. La miré y sin pensarlo la tomé del brazo y le dije que me acompañara. Ella lo hizo presurosamente, tomándome, con ambas manos, del brazo.
Cuando llegamos al pasillo de los baños, me di vuelta y mirando a Ana, la arrastré a un rincón en penumbras. La apoyé contra la pared y sin mayor trámite nos besamos largamente, mientras mis manos la tomaban de la cintura. Empecé a tener una erección y mi polla comenzó a crecer, aprisionada en mi pantalón. Ana me besaba con mucha calentura y comenzó a mover su cadera empujándome con su pelvis. Sin dudas pudo notar la dureza de mi miembro sobre su vientre y se apretaba cada vez más contra mi cuerpo. Mis manos pasaron de sus caderas a su espalda. Fui subiendo y pronto las llevé hacia los costados, por debajo de sus axilas y rocé sus tetas con las palmas de mis manos. Ana tomó una de mis manos con la suya y la llevó hacia una de sus tetas. Y yo rápidamente bajé la otra por su espalda hasta alcanzar su carnoso culo. MI mano comenzó alternativamente a apretar con fuerza una y otra nalga, mientras con la otra masajeaba sus tetas y jugaba con sus pezones. Ana comenzaba a agitarse y su respiración se hacía más fuerte.
Con la mano que estaba en su culo, fui bajando lentamente a lo largo de su raya, yendo hacia delante hasta llegar a su entrepierna. Ana dio un respingo y movió su lengua con mucha más rapidez. Mis manos sentían el calor de su raja a través del pantalón, y no pude evitar deslizar dos dedos a lo largo de la misma, hasta llegar al agujero de su culo, una y otra vez. Ana se agitaba más y más, mientras daba respingos. Estuvimos unos instantes así, hasta que se zafó de mi boca y me dijo al oído, con voz entrecortada, que no podía hacer eso, que era demasiado, sacó mi mano de su entrepierna.
Vamos, Ana, deja las niñerías. Tu noviecito no está aquí.
No…no…Marcos…no…déjameme dijo con voz entrecortada por la excitación. La miré a los ojos y me di cuenta que estaba viendo más allá del lugar en donde estábamos. La dejé. Sin mirar atrás supe que Silvia estaba cerca de nosotros.
¿Qué te sucede? ¿Es tu novio o es Silvia quien te preocupa?- le dije antes de irme al baño. Ana no dijo nada y si me lo hubiese querido decir, tampoco la hubiese escuchado, tal era mi enojo. Cuando regresé del baño, Pablo estaba con las tres chicas y me miró con una sonrisa de conmiseración. Nos quedamos un rato más y luego nos fuimos, todos juntos.
Cuando dejamos a Ana en su casa, apenas me despedí con un leve simulacro de beso en su mejilla, algo que Silvia pareció disfrutar. En el camino casi no hablamos.
Al llegar a nuestra casa, me fui a la cocina y Silvia subió a su habitación. Yo tenía cierto enojo, fruto del frustrado intento de comerme a Ana. Saqué una botella de vino tinto de la gaveta de bebidas de mi madre, tomé una copa y me dispuse a beber un poco más. Pronto me puse a pensar en todo lo ocurrido en la disco. Pensé en Ana, y lo que pasó y dejó de pasar. También traté de evocar todas las palabras que intercambié con Pablo y Mara. ¿Mi hermana intentando seducirme, celosa de lo que me sucedía con Ana? Me lo repetí una y otra vez, hasta intentar que esas palabras coincidieran con lo que pasó entre Ana y yo, y mi pequeña charla con Silvia mientras bailábamos. ¿Su baile fue un intento de seducción? Cuando se apretaba a mí, hasta el punto de sentir sus tetas en mi pecho, o el calor de sus piernas alrededor de la mía, llegué a creer que así era. Pero, ¿no fui yo en realidad quien dijo algo como “borracho puedo follarme a quien quiera”, y posteriormente me pegué lo más que podía y permitía nuestra relación? Sí, fui yo. Y quizá las palabras de Mara y Pablo me dieron en ese momento el descaro de hacer y hablar así. Pero Silvia no se mosqueó por eso. No, no lo hizo. Al contrario rió de mis palabras. Además, Silvia había demostrado cierta satisfacción al ver que estaba molesto con Ana. ¿Qué estaba pasando?
El vino sumado a todo lo que había bebido en la noche, hacía que mi cabeza comenzara dar vueltas. No creo que estuviera borracho, pero estaba en el punto exacto en que los pensamientos y las fantasías se funden en un todo confuso, y el discurso que mi mente pudiera tener, distaba un poco de lo racional. Así Silvia pasó a dominar mis pensamientos, y empecé a fantasear con la idea de mi hermanita interesada en mí de una forma poco santa.
Estaba en eso cuando escuché que Silvia bajaba las escaleras. Cuando entró a la cocina la vi sonreír. Se había dado una ducha; su pelo estaba mojado, y sólo llevaba puesta una camiseta larga y vieja que le llegaba a medio muslo.
Bueno, parece que no te bastó la noche de copas, hermanitome dijo.
Hay que ahogar las penas, hermanita queridadije.
¿Cuáles penas?
Las de amor, por supuesto- le dije, con sorna, mientras ponía una mano sobre mi corazón. Silvia sonrió y negó con su cabeza.
Lo único que faltaba. Ya te dije que es una calienta pollasme dijo.
Ah, hablas de Anale contesté sin saber por qué lo hacía de tal manera.
¿De quién más?
Bueno, no importa, Pero sí tienes razón, Anita es una calienta pollas. Aunque ella parecía estar caliente también.
¿Sí? ¿Porque chupa la espuma de la cerveza como si fuera una corrida?
No es sólo eso. Además deberías cuidar tu boquita hermanita. Pero no, además la tuve entre mis garras y le di un poco de cariño.
Ajá, sí, los vi.
¿Y ella te vio a ti?
¿Por qué preguntas?dijo mientas tomaba una silla y la colocaba frente a mí.
Es que quiero saber si tú nos estabas espiando y por eso ella dejó de querer estar conmigo.
Te dije que es un simulacro de putita, sólo te dejó con la calentura porque así es ella.
Y cuando fueron juntas al baño, ¿le dijiste algo?le pregunté a Silvia.
Nada que pueda interesarte. En el baño hablamos de un montón de cosas, pero ninguna que se pueda decir a un chico, menos a un hermano.
¿Qué tipos de cosas serán? ¿Hablaron de mí?
No creo.
No me importa, ya me encontraré con Ana otra vez y no la dejaré escapar.
Qué ganas de perder el tiempo.
Dudas de mí.
No, no lo hago, pero me parece que no vale la pena tanto interés en Ana.
Eso debería decidirlo yo, Silvita querida.
Deja los diminutivos, Marquitosme dijo y tomó mi copa.
Tú no tienes penas, no bebas.
¿Cómo lo sabes? Además, bebo porque me gusta.
Beber desinhibe, ¿no?
Dímelo tú.
A mí me afloja la lengua, claro.
¿Sólo la lengua?- me dijo con una leve sonrisa. ¿Hacia dónde quería ir mi hermana?
Bueno, no lo sé, pensando en lo que pasó en la disco, hay cosas que no se ablandan.
Silvia me miró, bebió de su copa. Levantó sus piernas y las cruzó sobre la silla, sentándose a lo indio. Con una de sus manos acomodó la camiseta de manera de que no se viera nada de su entrepierna. No dejé de observar todo esto y Silvia lo sabía.
Bien, o sea que te quedaste con la sangre en el ojo, por decirlo de alguna manerame dijo.
Un eufemismo, por supuesto.
Silvia rió. El vino parecía comenzar a surtir efecto. Por mi mente empezaban a volverse más claras y atrevidas las ideas sobre mi hermana y lo que deseaba en ese momento. Silvia no me sacaba la mirada de encima. Había una cierta tensión en el ambiente.
Cuando mencionaste lo de las penas me diste a entender que no era Ana quien te apenabalanzó con presteza.
Estaba recordando todo lo que pasó en la noche.
No te vi con otra chica aparte de Ana y Mara.
Eh, bien, Mara es una linda chica, inteligente sobre todo. Pero es la novia de mi mejor amigo.
Sí, es una chica interesante. Pero eso que dices acerca de que es la novia de tu amigo, no evita que pueda pasar algo. Hay límites que se rompen.
Mara no me interesa sexualmente, a pesar de todo. Pero me gustaría saber un poco más sobre tu opinión acerca de los límites- dije. Silvia dio un trago más a la copa de vino, y la dejó sobre la mesa.
Primero, no contestaste la pregunta que te hice. ¿Si no era Mara ni Ana, quién entonces?
Miré a Silvia. Al dejar la copa sobre la mesa, se había estirado levemente, soltando su camiseta. Ahora podía ver entre sus piernas el color rojo de sus bragas. Lo hice fugazmente, pero Silvia, sin dudas pudo notarlo. A pesar de eso, ni se inmutó. Mientras me servía una copa más de vino, le dije:
Estabas muy linda hoy. Y bailas muy bien.
Silvia pareció suspirar de impaciencia. Pero sonrió de todas maneras.
Ya lo sé.
Jaja, vaya modestia la tuyale dije mientras le alcanzaba la copa de vino. Sabes, en un momento, hablando de límites, deseé que no existieran.
¿Qué quieres decir?dijo y vi que la conversación ya estaba tomando rumbos inciertos.
Que si tu no fueras mi hermana, y con las ganas de follarme a Ana que tenía, te habría dado un morreo de madrele dije, mirando el piso. Silvia comenzó a reír y se atoró con el vino y tosió. Estirándome sobre la silla, golpeé su espalda suavemente. Cuando terminó de toser, se quedó mirándome. Estábamos muy cerca uno del otro. Observé como en la comisura de sus labios había un resto de vino que se derramó sobre su barbilla. Con mi mano, lentamente tomé la gota, la arrastré hasta apenas rozar sus labios y me llevé la mano a mi boca para limpiar mis dedos. Silvia me miraba, con sus mejillas encendidas, y sus ojos vidriosos. Pero no dijo nada. Algo esperábamos. Ambos. Me retiré hacia atrás, apoyando mis hombros en la pared y mis piernas quedaron abiertas y estiradas hasta casi llegar a la silla de Silvia. Me quedé viéndola, y ella a mí. A pesar del alcohol, mi verga comenzaba a inquietarse, y un cierto abultamiento se marcaba en mi paquete. Silvia se acomodó un mechón de pelo por detrás de su oreja. Yo esperaba, ansioso, algo que no sabía si sucedería.
¿Hablas en serio?preguntó Silvia con una leve sonrisa dibujándose casi imperceptiblemente.
¿Qué me ibas a decir de los límites?dije por respuesta.
No me contestaste, Marcos.
Yo pregunté primero, pero sí, si quieres saberlo, claro que hablo en seriole dije y di un último trago a mi copa. Silvia movió su cadera hacia delante, apoyando la parte superior de la espalda en el respaldo de la silla. Estábamos frente a frente, sentados de la misma manera. Silvia que no desviaba su mirada de mis ojos hubiera podido apreciar lo abultado de mi paquete. Yo, en cambio podía ver la entrepierna de Silvia; había abierto las piernas, y podía notar el bulto de su raja sobre la tela de sus bragas rojas. Parecía que ya casi no nos guardábamos de nada.
Los límites…a veces…a veces son borrosos, a veces pueden cruzarse, eso creodijo finalmente Silvia.
Es cierto, sólo hace falta un poco de coraje, ¿no crees?
Silvia levantó sus piernas y las colocó, flexionadas, en el borde de mi silla, arrastrándose más, y casi dejando su culo en el borde de su silla. Ahí la tenía, a menos de un metro de mí, sentada, con sus piernas a centímetros de mi verga, mostrándome sus bragas rojas que se abultaban en la entrepierna y parecían desaparecer entre sus nalgas, las cuales podía empezar a adivinar, casi desnudas, al borde de la silla. Silvia me miró, y terminó su copa de vino.
Lo creo, Marcosdijo finalmente sin quitarme los ojos de encima. Estábamos expectantes, sin decidirnos por nada. Luego de lo que nos dijimos, ¿qué podía pasar? Todo, o nada. Entonces, ¿qué hacer? Corrí mi silla hacia delante, y tomé sus piernas, colocándolas sobre las mías. Comencé a masajear sus pies, suavemente. Me entretuve en sus plantas, en sus dedos, y podía sentir un temblor casi imperceptible en Silvia. La miré a los ojos a medida que iba subiendo por sus pantorrillas. Corrí la silla, quedando ambas casi pegadas. Silvia había quedado más abierta de piernas. Mientras suavemente masajeaba sus torneadas piernas, no podía quitar la vista del bulto de su coño. Silvia sabía que la estaba mirando y no decía nada, sólo se dejaba hacer. Pero no me animaba, aún, a ir más allá. Cuando pasé a sus muslos, suaves, tersos y bien formados, dejó escapar una especie de leve resoplido. Mis manos seguían acariciando y tomando suavemente cada centímetro de sus muslos, y mis manos comenzaban a deslizarse por su cara interna. Mis dedos iban y venían; con la punta de ellos llegué a escasos centímetros del borde de sus bragas. Me detuve y miré a Silvia por un instante. Me seguía mirando, con la cara levemente desencajada, sus mejillas encendidas y sus ojos oscuros, vidriosos, levemente cerrados, enmarcados por sus cejas delgadas y bien delineadas. Su boca entreabierta, expectante, como a punto de devorar una presa. Pero algo impedía que siguiera adelante.
Quieres que te acompañe a tu cuarto, quizá estás un poco mareado y necesites ayudame dijo.
¿Ya crees que es hora de irnos?le dije e instintivamente mis manos se desplazaron en una caricia casi hasta los bordes internos de su braga. Podía sentir el calor de lo más hondo de Silvia. Todo era muy evidente.
Sí, vamos, te recostaré en la cama, y si quieres podemos seguir conversando un ratome dijo una mirada que nunca antes vi en su rostro.
Quité mis manos de sus piernas. Silvia se levantó y pareció tambalear un poco.
Vaya, no soy el único que necesito ayudale dije.
Ya lo creome dijo sonriendo.
Cuando me levanté sentí un pequeño mareo, nada importante, pero me tambaleé un poco. Silvia me tomó del brazo y me miró fijamente. Me llevó hasta las escaleras.
Espera, yo voy delante y tú te agarras de mis caderas para no caerteme dijo. Asentí con un leve gesto. Silvia se dio vuelta y la tomé como me dijo. Subimos la escalera y no podía dejar de mirar las piernas de mi hermana, largas, hermosas y tersas, mientras ella tomaba algunos escalones de ventaja. Con mi manos llevé su camiseta traté de estirar la tela, y su camiseta subió algunos centímetros, adhiriéndose más a su culo. Podía notar la forma de sus nalgas y distinguir cómo sus diminutas bragas desparecían como devoradas entre ellas.
Llegamos a mi habitación. Silvia entró y cerró la puerta. Todo parecía tomar, definitivamente, un rumbo. Me senté en la cama. Mi hermana encendió la portátil de mi mesa de luz y me quedó viendo. Ahora la veía parada frente a mí, su cabello suelto, su camiseta a media pierna, vieja, gastada, y por primera vez me fije que sus tetas se dibujaban casi a la perfección bajo la tela. Parecía no llevar sostén. Mi imaginación, en un pestañeo, imaginó un montón de cosas. Ella se acercó a mí,
Te ayudo con la ropa-dijo y colocándose de pie entre mis piernas, comenzó a desabrocharme la camisa. Yo me dejaba hacer, mis ojos iban de los suyos a sus tetas a escasos centímetros de mi cara. Cuando desabrochó el último botón, tomó el cuello de la camisa y lo sacó hacia atrás, obligándome a apoyar mis manos en la cama. Ella en un movimiento, subió a la cama y colocándose a mis espaldas, de rodillas, me quitó la camisa. Con sus manos me hizo recostar en la cama poniendo mis piernas sobre la misma. Me miró unos instantes, dudando. Finalmente sus dedos fueron al botón de mis pantalones. Rápidamente bajó la cremallera, sin siquiera tocarme el paquete. Mi polla estaba morcillona, y abultaba mis calzoncillos. Pero Silvia no decía nada. Yo mismo terminé de sacármelos. Tomé la almohada y me incliné sobre el respaldo de la cama. Silvia me miraba, sin decir nada. La miré a los ojos.
Gracias, hermanitale dije dulcemente. Me sonrió. ¿Te quedas un rato junto a mí?pregunté.
¿Quieres que me quede a dormir contigo?me dijo por fin.
Sí, clarodije.
Silvia se inclinó delante de mí, dio media vuelta y colocando una de sus piernas entre las mías quedó de frente a mí, casi montada con su coño sobre una de mis piernas.
¿Quieres que apague la luz?dijo.
Haz lo que quierascontesté. Silvia finalmente apoyó su entrepierna en mi muslo, y mirándome me dijo:
¿Recuerdas cuando jugábamos al caballito?me dijo y Silvia empezó a moverse muy suavemente sobre mi muslo. Podía sentir el calor de su coño, y casi la obvia humedad de su cueva, sobre mi muslo.
Por supuestodije. A veces extraño jugar contigo.
Entonces déjame jugary sin dejar de mirarme, a los ojos, comenzó a moverse, ahora más marcadamente, sobre mi pierna, son tocar mi paquete con las suyas. Se desplazaba, de atrás hacia delante, con un vaivén pronunciado. Podía sentir un calor infernal de su entrepierna. Mi verga comenzó a ponerse dura. Silvia o notó, pero no dijo nada; continuaba cabalgando mi pierna. La contemplaba, miraba sus ojos, que no se despegaban de los míos. Sus tetas parecían más duras y pronto noté el bulto de sus pezones. Yo me dejaba hacer como un juguete, tal era el propósito de Silvia. Su respiración comenzó a agitarse y cerraba los ojos de vez en cuando. Pronto empezó a jadear, y finalmente empezó gemir levemente. Pasaba de mirarme con los ojos entrecerrados a volcar la cabeza hacia atrás, apoyándose con ambas manos en la cama. Así estuvo unos instantes más hasta que de su boca salió un sostenido quejido, momento en el que con una de sus manos me tomó de la cadera y apoyó la otra en mi vientre. Se sacudió unos instantes sobre mi muslo, ahora totalmente húmedo de los jugos de mi hermana.
En todo ese tiempo, esos minutos, sólo me deleité viéndola, si tocarla ni hacer nada.
Cuando Silvia cesó sus movimientos se quedó mirándome con una sonrisa cómplice, sin decir nada.
Mi hermana se quitó de mi pierna y se recostó a mi lado, con la cabeza apoyada en su brazo. Di media vuelta y me quedé viéndola a los ojos.
La niña disfrutódije.
Sólo jugué un rato, como cuando éramos más pequeños, hermanitorespondió con su hermosa sonrisa.
¿Y yo?
¿Tú qué?
¿Me quedaré sin jugar?
Silvia se rió unos instantes. Se irguió y con un rápido movimiento se sacó la camiseta. Ante mí quedaron a la vista sus hermosas tetas. Eran medianas, duras, firmes, apetitosas, con sus aureolas levemente rosadas y sus pezones grandes y erectos. Esta vez se colocó a horcajadas sobre mí paquete tan rápidamente que no podía creerlo. Podía sentir cómo su coño manaba calor y humedad sobre mi bulto erecto. Silvia no decía nada, comenzó a moverse de la misma manera que lo hizo antes sobre mi pierna. Yo sólo pude mirarla, casi incrédulo. Pero no lo dudé y con mis manos tomé sus tetas. Las sopesé, hermosas, firmes, con la piel suave y tersa, como parecía ser toda la piel de mi hermana. Toqué sus pezones y Silvia suspiró. Siguió con sus movimientos, cada vez más acompasados con los míos propios. Con una de mis manos comencé a tocarle el culo. Silvia me miraba, cada vez más excitada. Deslicé uno de mis dedos a lo largo de sus bragas; rocé el agujero de su culo y rápidamente llegué a sentir el canal que me llevaba a su coño. Mis dedos se deslizaron sin dificultad en la chorreante humedad de su caverna. Mi dedo mayor pronto se encontró jugando a lo largo de su raja. Silvia dio un respingo y sus movimientos se hicieron más rápidos y pronunciados. En uno de sus enviones, mi dedo se metió totalmente dentro de su coño. Empecé a meterlo y sacarlo, mientras mi hermana jadeaba cada vez más fuerte. Me dolía la verga aprisionada por mis calzoncillos y los movimientos de mi hermana. Silvia gemía y me decía que siguiera así. Pero me detuve y acomodando mi espalda en el respaldo de la cama, quedé casi sentado. Arrastré a Silvia, y bese su boca con pasión. Nuestras lenguas empezaron a buscarse, rápidas, llenas de deseo, sin dar abasto a la desesperada intención de comernos y bebernos, de tragar nuestra saliva, mordernos los labios y dejar que escaparan los gemidos desesperados de uno y otro, mientras tomaba el culo de mi hermana y sin sacarle las bragas metía mis manos en su agujero, violando su intimidad, penetrando la humedad pecaminosa y lujuriosa de su coño chorreante, mientras ella con un movimiento rápido, de espaldas a mi polla, la cual había liberado de su doliente prisión, comenzó a pajearme con una presteza y rapidez que nunca imaginé. Silvia dejó de besarme y se quejó largamente, mientras acababa una vez más ante el intenso jugueteo de mis manos en su agujero y punzante y duro clítoris.
Pero aún faltaba para que yo acabara. Silvia, sin dejar de mirarme a los ojos siguió masturbándome en la misma posición en la que estábamos. Ahora yo me quejaba de placer, el cual se duplicaba por la morbosa situación que vivíamos. Silvia en un rápido movimiento, se desplazó hacia atrás, sin dejar de menearme la verga, y colocándose entre mis piernas, me miró. Cuando le dije que estaba por acabar, sin dudarlo, se la metió de un envión en la boca, apenas unos instantes antes de derramar toda la leche caliente. Silvia seguía pajeándome, mientras mi leche se desparramaba dentro de su boca y podía escuchar el esfuerzo que hacía mi gentil hermana para tragar todo lo que estaba recibiendo dentro de ella, sin atragantarse. Jamás en toda mi vida había disfrutado tanto de una corrida semejante.
No podía creerlo. No. Aunque tampoco me cuestioné demasiado en ese momento. Silvia estaba a mi lado, sin decir nada. Ambos parecíamos estar saliendo de un extraño trance. Mi polla estaba fuera, flácida, húmeda. No sabía qué decir, ni siquiera si era necesario decir algo.
Miré a Silvia. Mi hermana miraba el cielorraso, perdida en vaya a saber qué. Finalmente se dio media vuelta y comenzó a dormir. La cabeza me daba vueltas, fruto del alcohol y la confusión del momento. Miré la hora, eran las cinco de la mañana y la luz del día comenzaba a aparecer. Apagué la lámpara, me acomodé junto a Silvia, pasé mi brazo sobre su cadera y mis ojos se fueron cerrando mientras mis dedos acariciaban su vientre.
Me levanté cerca del mediodía con un poco de resaca, aunque nada serio. Mi hermana no estaba en la cama. En el ambiente había olor a sudor y sexo. Fui a la cocina a prepararme un café, y me encontré con Silvia ya levantada, haciendo lo propio en la cocina. Estaba junto a la mesada, sólo vestida con la camiseta que usaba como camisón, preparando tostadas para el desayuno. Apenas volteó al verme entrar y siguió como si nada.
Me senté en la misma silla que horas antes y esperé que Silvia terminara con las cosas.
Buen día, ¿o la resaca es grave?dijo.
Perdona. Buen día.
Silvia sirvió café para ambos, dejo las tostadas en la mesa y se sentó a la otra cabecera.
Nos miramos unos segundos sin decir nada.
Le puse dos de azúcar. ¿Está bien?dijo.
Probé el café y asentí con un gesto.
Silvia, respecto a lo que pasó…-empecé a decir, pero fui interrumpido.
Creo que no hay mucho para decir al respecto. Lo hecho, hecho está. Fue cosa de ambos, la responsabilidad es nuestra.
Pero creo que debo decirte que siento un poco de culpa. Creo que fui yo quien provocó lo que pasó.
Es mucho crédito. Ya te dije que fue algo compartido. Además, fui yo quien decidió dar el paso inicial. Extrañaba el caballitodijo y comenzó a reír. La miré y le sonreí como respuesta.
Aún así…
Ya está, sin culpas, por favor.
Está bien. ¿Y de ahora en más qué pasará?
¿Qué crees que pasará? Todo seguirá como antes, si eso es posible. Los únicos que lo sabemos somos tú y yodijo. Su firmeza, su seguridad y la aparentemente inexistente culpa, me parecía muy extraño. En mi cabeza se hicieron eco las palabras de Mara. Esto había ido más allá de lo que ella pensaba.
Terminamos el desayuno diciendo pocas cosas, todas sin mayor importancia, relativas a las tareas del hogar para los días siguientes.
Me di un baño para refrescarme. Mientras me duchaba pensé en todo. Tan natural había sido la reacción de Silvia ante lo ocurrido que me sorprendí una vez más. Mi única culpa era pensar que si yo no me hubiera dejado llevar por el alcohol, quizá nada hubiera pasado.
Pero pronto una interrogante cruzó mi cabeza, sin saber por qué tenía tanta importancia para mí. ¿La clave sería Ana? Terminé con mi baño y vestido sólo con una toalla, decidí llamar a Ana desde mi habitación. Debía hablar con ella. Llamé a su celular y luego de unos segundos me atendió con voz dormida.
Anita, soy yo, Marcos.
Hola. Dimedijo con voz entre dormida y molesta.
Primero quiero pedirte disculpas por lo de anoche. La bebida a veces me saca de las casillas.
No tienes que preocuparte de nada. Los dos estábamos alegres. Es todo.
OK, pero debía asegurarme de que no estuvieras molesta conmigo.
Está bien Marcos, seguimos amigos como siempre.
Ana, quiero preguntarte algo y promete que me dirás la verdad.
¿Qué quieres saber?
¿Qué te dijo mi hermana en el baño de la disco?pregunté y Ana pareció dudar unos instantes.
Nada, Marcos, cosas sin importancia.
¿Estás segura?
¿Por qué preguntas?
Por favor dime la verdad, recuerda lo que pasó anoche.
Anoche no pasó nada, ¿de qué hablas? Creo que quedó claro.
Ana se molestaba y yo quería saber exactamente qué había sido dicho en el baño. Por alguna razón tenía esa urgencia y trataría de sacarle todo a Ana.
Mira Ana, por última vez, es necesario que me digas qué te dijo Silvia. Recuerda que por mas que no haya ocurrido nada en la disco, como tú dices, hay alguien que podría pensar lo contrario.
Marcos, eres estúpido, y más estúpido si me amenazas.
No, no te amenazo. Sólo te ruego que me digas la verdad.
Mira, hablamos de ti, ¿sabes? Silvia me dijo que te sedujera, que te calentara, que jugara un rato contigo y te dejara con la polla dura. ¿Eso querías escuchar?
¿Es verdad?pregunté, aunque por alguna razón todo me sonaba verosímil.
Sí, Marcos, es verdad.
¿Te dijo por qué?
Qué pesado eres. Mira, me dijo que tú y tu amiguito Pablo habían apostado que esa noche tú harías todo lo imposible por follarme. Me dijo que debía darte esperanzas y dejarte calientedijo, y creo que lo logré, ¿no?y rió unos instantes.
Quizá. Pero a ti tampoco pareció disgustarte la idea.
Me causó gracia que pensaras así de mí.
Yo…mira, me sigues pareciendo una chica muy linda. No te lo voy a negar. Lamento que no tomaras en serio mis palabras. Pero no importa, ya tendremos tiempo de charlar del temadije, y Ana emitió una pequeña risa.
Quizá en algún momento lo hablemos. Pero ahora me tengo que ir. Me voy de vacaciones con mi novio.
¿No era que este verano te quedabas aquí?
No, ya lo teníamos planificado desde hace tiempo. La invité a Silvia para que viniese con nosotros, pero no quiso. Estas palabras de Ana me revelaron algunas cosas que no entendía. Las cosas empezaban a cerrarme. Ana no sabía aún el papel que le había tocado y yo sospechaba de la ingenuidad de todos nosotros. Excepto Silvia. Las piezas, en teoría, encajaban.
Me despedí de Ana y le dije que nos veríamos muy pronto. Se rió y se despidió con un beso para mí y mi alcancía. La hora de Ana quedaba pospuesta hasta más adelante.
Sentado en mi cama pensé en todo lo que dijo Ana. Para empezar, Silvia instigó la provocación de Ana. Inventó la apuesta, cosa que bien podía habérseme ocurrido, pero no fue así.
La actitud de mi hermana luego de nuestra noche de juegos era demasiado natural, como si hubiera procesado el alcance de lo ocurrido con mucha rapidez. Lo cierto es que siempre supe que Silvia era una chica muy inteligente, y que sabía aprovecharse de las facilidades que los demás le brindaban, pero su actitud en la pista, sus palabras sobre Ana, todo lo ocurrido en definitiva, provocaron una idea que crecía en mi cabeza. Silvia siempre supo cómo terminaría todo, parecía que así lo había planificado y…deseado. Incluso el pretexto de que Ana no se iría de vacaciones para así quedarse en casa conmigo parecía ser parte del plan. Ahora, a pesar de esto, ¿debía sentirme molesto por haber sido un juguete en las manos y planes de mi hermana o debía sentirme halagado? ¿Era posible sentirse halagado con algo que visto desde afuera hubiese causado un escándalo desatado por semejante tabú? ¿Me importaba esto? A Silvia, parecía que no. A mí, después de todo, comprendí que tampoco. Al contrario, la extraña sensación que se apoderaba de mí, no era otra que el deseo por lo prohibido: poseer a mi hermana. Esos pequeños momentos de excitación o de deseo que alguna vez quisieron atisbar en mi forma de mirar a Silvia, ahora quedaban sublimados por lo que había ocurrido y por lo que creía que ocurriría.
Fui a la cocina, sólo con la toalla atada a la cintura. Silvia estaba lavando la vajilla. Me acerqué lentamente y la llamé. Con un gesto le indiqué que me siguiera. Ella dejó los trastos y siguió mi camino.
En el living estaba el sillón en el que mis padres nos habían pillado jugando en un simulacro de sexualidad, un caballito desbocado que amenazaba la normalidad. Estaba ese recuerdo en mi mente. Me senté en él. Silvia de frente a mí, sólo me miraba con una sonrisa.
Recuerdos, ¿hermanito?dijo.
-Algo así. Creo que acabo de desechar cualquier culpa, Silvia. Ahora entiendo lo que ocurrió y no siento nada malo al respecto.
Eso es lo que intentaba decirte. Lo que hicimos fue un juego.
Hay juegos y juegos, hermanita. Precisamente, ahora estoy aburridole dije y señalé mis piernas. Silvia me miró y con una sonrisa cómplice vino hacia mí y se sentó sobre mis piernas, quedando de perfil respecto a mí.
Jajarío¿ya extrañas ser mi montura? Sonreí y la miré a los ojos.
Ay, hermanito, ¿me haces el caballito? ¿Sí?dijo, poniendo una mirada suplicante y aniñada. Sabía cómo personificarse. Comenzó a dar pequeños brincos sobre mi pierna, y en un movimiento repentino quedó con sus nalgas apoyadas en mi verga. Su camiseta se corrió y quedo al descubierto su desnudez. Podía ver sus hermosas piernas largas, pero sobre todo, quedé viendo su coño. Estaba depilado, y en sus movimientos aprecié sus labios mayores, largos, gordos, abultados, MI mano recorrió sus muslos y fueron subiendo hasta tocar su raja. Con mis dedos la recorrí a lo largo. Silvia estaba completamente mojada y mi polla empezaba a quedar dura. Sentí cómo sus labios se abrían y el calor y los jugos se depositaban sobre mis dedos y mi palma. Busqué con un dedo húmedo su clítoris y al tocarlo, Silvia dio un respingo y se desplazó aún más hacia delante. Comencé a masturbarla con un par de dedos y Silvia se movía cada vez más rápido.
Sigue, sigue, así…mmm…sídijo entre cortados gemidos, con los ojos cerrados. Estuve unos instantes más así, y dejé de hacerlo.
¿Qué haces? Sigueme dijo con cara molesta. La miré seriamente.
No, ¿quieres caballito? Entonces, móntalodije. Silvia me miró unos instantes. Se sacó la camiseta, y se acomodó de frente a mí. Sus tetas estaban una vez más a mi vista. Y ahora las podía apreciar a la luz natural, mucho más hermosas de lo que creí apreciar en la noche. Parecían proyectadas hacia delante, y la aureola rosada de los pezones era más grande de lo que había visto antes. Las tomé y me regodeé en su textura, en su forma y su dureza por unos instantes, Jugué con ellas y mis dedos pellizcaron suavemente sus pezones. Mi hermana, sin dejar de mirarme, suspiraba levemente.
¿Te gustan?
Mucho, hermanita. Mucho.
Silvia se acomodó y dejó caer el peso de su cuerpo sobre mi polla, dio unos pequeños y suaves salto sobre ella y me quejé levemente. No se detuvo, siguió con sus movimientos.
¿Recuerdas cuando nos pillaron jugando al caballito?pregunté.
Claro que sí lo recuerdo.
¿Tú sabías lo que provocaste en mí?
Claro que lo sabía, fue mi intención.
Zorrita, ¿tan pequeña y ya querías calentarme?
Es que sabía que a los hombres les gustaba. Ana me dijo que se dio cuenta con su tío. Sólo que ella no entendía el calor que sentina entre sus piernas. Entonces probé alguna vez antes de hacerlo contigo. Usaba el apoya brazos del sofá y la primera vez sentí cómo mi coño se humedecía. Luego tenía que meterme mano hasta correrme.
Pero conmigo no hiciste eso.
Porque nos vieron. Y luego no me animé a hacerlo.
Entonces, ¿qué te dijo mamá?
Jaja, ella es una zorra vieja, Me dio a entender que mi calentura estaba bien, pero que tú no eras la persona adecuada para sacarme las ganas.
Joder…pero tú… ¿siempre serás así?
¿Cómo? ¿cachonda?
No. Manipuladora.
Jaja, no. No lo soy. Sólo quería conseguir que jugaras conmigo, como cuando éramos pequeñosdijo, y puso una tierna cara de niña que se porta mal. MI verga estaba dura, a punto de reventar. LA detuve. Con una mano levanté a Silvia apoyando mi dedo en la entrada de su culo. Silvia diño un respingo. Con mi otra mano, abrí la toalla y dejé mi polla al aire. Silvia se quedó mirándome unos instantes como asegurándose de mis intenciones. La empujé con mis manos apoyadas en sus nalgas hacia mi vientre, de modo que si raja, rezumante de jugos, empaparon mi piel. Sentina el calor de su cueva pegada a mí. Metí mis dedos en su coño. Primero uno, luego otro.
Ah, hijo de puta…así, me gustadijo cerrando los ojos.
Ese era el momento crucial: tomé sus nalgas y la llevé lentamente hacia atrás hasta que sentí como mi vera apenas rozaba la entrada de su coño. Silvia me miró con su, ahora sabía, típica mirada felina, deseosa, sedienta de sexo, y tomando mi verga con una de sus manos, la coloco en la entrada de su coño. Sin dejar de mirarme, bajó lentamente sobre mi polla. Ambos dejamos escapar un quejido cuando finalmente nos supimos uno dentro del otro. Sentía como su cueva envolvía tibiamente toda mi carne. Su vientre devoró mi verga anhelante, y la humedad de sus paredes volvían delicioso el suave movimiento que emprendimos. Acompasados, unidos, llevados por el deseo más animal y sublime que pudiera guiarnos. Estábamos cogiendo, follando, ahogando nuestro deseo en el intercambio de flujos, de líquidos, de calores, de las palpitaciones de la carne, de sus músculos atrapando mi verga, como si una mano por dentro quisiera sacarme todo lo que me daba vida. Silvia gemía y se movía lenta y marcadamente. Yo estaba en el paroxismo. Había dejado atrás cualquier experiencia previa y sólo me concentraba en ese subir y bajar de su cuerpo sobre el mío. Sentina el chasquido de la carne húmeda chocando una y otra vez. Mis manos marcaban el ritmo, o pasaban a sus tetas, o buscaban el agujero de su culo queriendo penetrarla. Sus tetas ahora se apoyaban en mi pecho y podía sentir el calor de su aliento en mi mejilla, en mi oído.
Te quiero, Marcos, te quiero, ahhhdijo ahogando un grito. Sabía que estaba acabando una vez más.
Yo también. Te quiero hermanita.
No pasaron más de tres minutos cuando sentía que iba a correrme. Se lo advertí.
No importa, hazlo dentro de mí dijo con los ojos entrecerrados.
Y así lo hice, llegué al máximo placer, me abandoné un instante y derramé toda la leche en su coño. Silvia siguió moviéndose mientras mi polla empezaba a perder dureza. Y finalmente, sentí cómo se resquebrajaba, como se convulsionaba por última vez, ahogando un grito y cayéndose sobre mí con sus tetas apoyadas en mi pecho, ambos estábamos sudados, llenos de placer, vacíos de flujos y de penas, de culpas. Silvia me tomó de la cara y nos dimos un largo beso, jugando con nuestras lenguas, recorriendo nuestras mutuas cavidades, vacías de palabras y anhelantes de sabores. Mis manos seguían recorriéndola, queriendo hacer mía cada parte de su cuerpo. Mi verga seguía dentro de ella y comenzó a despertarse nuevamente. La sangre bullía presta, ligera, ansiosa como nuestras lenguas, como nuestras manos. Silvia comenzó a moverse otra vez. Sus caderas giraban en movimientos circulares en torno a mi falo, y su respiración se agitó aún más. Me abandone por unos instantes al ritmo que ella imponía. Sus gemidos se volvieron más fuertes y arañó mi espalda. Llevado por las sensaciones, la tomé de sus tetas, las agarré con suave firmeza y marqué el ritmo de sus embestidas. Estuvimos en esa posición un tiempo más hasta que decidí pararme.
No pares ahoradijo casi suplicante. Pero la di vuelta, la coloqué sobres sus piernas, dejé su culo frente a mí y la embestí por detrás, entrando con fuerza a través de su coño. Silvia gritó de placer y pedía que le diera más fuerte.
Vamos, más, más por favory comenzó a empujar con su culo sobre mi cuerpo. Silvia empezó a convulsionarse y a disminuir la velocidad de sus movimientos. La tome del pelo y la tironeé hacia atrás y la obligué a seguir moviéndose. Jadeaba, apagaba pequeños gritos y resoplaba. Mis piernas me dolían de tanto bombeo. Finalmente Silvia gritó señalando su orgasmo, momento en el que disminuí la velocidad de mis embestidas. No me faltaba mucho para acabar cuando saqué mi verga y tomando la cabeza de Silvia bastó para que esta entendiera. Se comió mi verga de un bocado y la follé, literalmente, por la boca. La tomaba de la nuca y la empujaba hacia delante, suavemente, pero con firmeza. Luego de unos segundos me derramé completamente en su boca, en la suave humedad de su boca, mientras Silvia hacía arcadas ante le intensidad de mi corrida, a la que acompañaba de guturales sonidos. Disminuí la velocidad y Silvia tomó mi polla con su mano y siguió meneando y mamándola, ordeñado hasta la última gota de leche. Podía sentir el ruido que hacía al succionar mi carne, hasta que pronto no quedó nada por tragar y mi polla comenzó a enflaquecer.
Hijo de putame dijo cuando me soltó. Casi me ahogas.
Por Dios, jamás, te lo juro, disfruté tanto.
Silvia me miró con una sonrisa mientras sus manos entraban en su coño sacándose restos de mi anterior corrida.
No te preocupes, hermanito, era seguro hacerlo hoydijo ante mi atenta mirada.
Estoy pensando que tu mente maquiavélica planeó todo en el momento indicado.
Mi hermana rió y no dijo nada. Nos acostamos juntos en el sillón y nos quedamos abrazados sin decir nada. Ambos estábamos satisfechos. Yo había jugado el juego que me propuso Silvia, pensando que en realidad había sido yo el que en parte lo había provocado. Pero sabemos que fue así. Finalmente le conté a Silvia lo que hablé con Ana, pero no se molestó. Al contrario, me dijo que había resultado un buen detective y Ana una buena herramienta. Me besó nuevamente.
Lo que sucedió el resto del día todos pueden imaginarlo.
El resto de la semana también.
Y finalmente, ante la insistencia de mi madre, accedimos a ir con ella y su novio, unos días de vacaciones. Pero esos días son parte de otra historia que algún día sabrán.